Opinión | ¿Y tu qué harías?

En el manoseado asunto de la maestra que fue sancionada luego de ser exhibida gritoneando a sus alumnos, casi nadie se ha quedado sin opinar. Hubo un linchamiento mediático y los linchamientos nunca son justos; las redes estuvieron inundadas de argumentos simplistas y muchos que se erigieron en fiscales, juzgadores y verdugos.

Lo complicado, como en muchas otras ocasiones, es ponerse en el lugar de los protagonistas, especialmente del que pierde.

Y no se trata de justificar la violencia verbal ejercida por alguien que tiene autoridad, en este caso un profesor sobre sus alumnos; pero antes de externar condenas, antes de lanzar la primera piedra y la segunda y la millonésima, cada uno debió pensar en la maestra como parte de un todo, en un mundo en el que no hay causas únicas.

Se excedió e incurrió en una falta sancionable, sí… ¿y la respuesta ante eso es la venganza, el escarnio, la condena, la lapidación?

¿Y tu que hubieras hecho si fueras el alumno “agredido” o alguno de los compañeros de ese grupo? Dicen que no era la primera vez, que la profesora ya había perdido el control en otras ocasiones y… ¿qué hicieron entonces? ¿acudieron ante la autoridad educativa a reportar el incidente? Prefirieron acudir ante un juez más severo, la turba, las redes sociales.

Pero son estudiantes universitarios ¿cómo es que permitieron que les gritara una, dos o más veces? ¿Qué tipo de personas pueden ser quienes toleran que alguien los maltrate y en lugar de acudir ante la autoridad prefieren la exhibición y la victimización?

Un estudiante universitario no debería tolerar un trato así, con todo derecho cualquiera de ellos debió haberse levantado a la primera y protestado “no le permito que me hable en ese tono” debieron haberle dicho. Un universitario entiende que el maestro es autoridad pero que hay derechos, obligaciones, normas y formas.

Si un estudiante universitario no ha entendido eso, entonces algo está muy mal en esa universidad que no está formando seres pensantes y libres.

Y ahí está la otra parte de la responsabilidad ¿cómo es que una autoridad educativa universitaria pone al frente de un grupo a una persona sin asegurarse de cuenta con las herramientas pedagógicas necesarias para dar una cátedra de calidad? ¿Cómo es que pueden estar dando clases personas que no pueden mantener el control, el interés, la participación de un grupo? Porque desde luego que los hay, maestros dedicados, capaces, que se han adaptado, que aún con la improvisación, están logrando magnificas experiencias con sus clases a distancia.

Hay una enorme responsabilidad de quienes contratan y que tienen la obligación de supervisar ¿lo están haciendo? Y que también están obligados a atender y resolver las eventuales quejas de los alumnos.

A todos nos ha tomado por sorpresa esta nueva forma de tomar o impartir clases, para algunos, profesores o estudiantes, ha sido más fácil el proceso de adaptación, para otros sigue siendo complicado.

Para las instituciones nunca debió pasar eso de aventar al bolo a unos y otros, maestros y alumnos, a ver cómo se las arreglan. Debió ser obligado un proceso de capacitación, de preparación, de entrenamiento permanente… para unos y otros y más si se asume que muchos de los catedráticos son profesionales en sus áreas de conocimiento pero con poca y a veces nula formación docente.

Así que la pregunta no solo es ¿y tu que harías? Como maestro, estudiante o directivo; sino también qué estás haciendo y que harás en adelante.

Pero no solo en el ámbito educativo, sino hay que revisar como se han adaptado y con qué resultados, otras áreas de actividad afectadas por la pandemia y la “sana distancia” y ahí vamos todos, obreros, choferes, meseros, abogados, técnicos, empleados, oficinistas, vendedores… todos.

Puedes comentar con Facebook