Presidente Región 4… T

Mariano Cervantes

Que el presidente López mienta no es ninguna novedad, lo hace de manera rutinaria; lo que cuesta entender es cómo todavía hay quienes le creen y hasta le aplauden.

Su más reciente exceso fue presumir que decidió bajar el precio de las gasolinas, obvia mentira que se suma a todas las que viene acumulando, de distintos calibres y algunas con mayores implicaciones que otras.

Pero si sus palabras se convierten en canon o doctrina para eso que llaman la Cuarta Transformación, sus actos dejan contudentes mensajes de enorme trascendencia que lo muestran tal como es.

No hace mucho expuso la importancia que da a los movimientos feministas y a las exigencias de parar la violencia de género.

En fecha más reciente el tema ha sido su afición a besar niñas, la manera tan efusiva, pedofílica, en que lo hace y luego su propia declaración “quería comérmela a besos…” con las consiguientes reacciones en un amplio sector de la población.

Pero quizá los mensajes más fuertes del presidente son los que se están enviando en materia de salud; la impresión que se tiene de él en el extranjero y desde luego en gran parte de la población en México, es que no ha terminado de tomarse en serio el riesgo de que la pandemia rebase la capacidad del sistema de salud.

Lo vimos rechazar el gel antibacterial; ha seguido con la práctica que más le gusta: la de los mítines, las multitudes, los abrazos y apenas en los últimos días parece haber puesto un poco de distancia.

Pero mientras el mundo y sus propios funcionarios han insistido en la necesidad de establecer límites a la convivencia humana, él ha minimizado el riesgo una y otra vez.

Mientras la Organización Mundial de la Salud ya ubica a México en la fase dos de los contagios, el presidente ha insistido en que “no dejen de salir” que hay que seguir haciendo la vida normal y será él, el presidente, quien diga en qué momento hay que guardarse y mientras tanto hay que seguir conviviendo, y así lo difundió en sus redes sociales.

Otro aspecto que no ha pasado desapercibido es la vulnerabilidad en que se encuentran los trabajadores de salud, médicos, enfermeras, camilleros, asistentes y todos aquellos que tendrán que estar en lugares con alta concentración de pacientes contagiados.

Ya son varios los hospitales públicos, especialmente del IMSS en los que el personal ha tenido que salir a la calle a gritar que no tienen guantes, que no hay cubrebocas, que no cuentan con desinfectantes, insumos, ni ropa  hospitalaria suficiente.

En Durango no es ningún secreto que las salas de urgencias hace mucho están saturadas, desde años antes que se tuviera noticia de la pandemia, el cupo de camas de hospital no es suficiente siquiera para la demanda diaria.

Hoy hay enfermos que deberían estar hospitalizados y se les tiene en una silla en algún pasillo y de ahí se les dará de alta, a menos que estén muy graves y esperen hasta que se desocupe alguna cama y puedan ser llevados “a piso”.

Hoy las decisiones las toma un hombre que sabe cómo sacar petróleo fácilmente; que rechaza la generación de energía eólica con ‘ventiladores’; que a diario predica el amor; que para enfrentar la pandemia trae sus amuletos, escapularios y “detentes”; que no ve importante el decrecimiento de la economía porque le interesan más otros indicadores y, que hora decide cuándo y cómo hay que actuar ante una emergencia sanitaria.

Las decisiones pues, las toma un hombre que es sacerdote, médico, ingeniero, economista y hasta científico… pero todavía no logra ser presidente.

@MCervantesM

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