Primero, lo primero

La balacera perpetrada por un niño en el Colegio Cervantes de Torreón, los abusos y asesinato de la niña Karol en Lerdo, y las atrocidades de las que fue víctima la joven Ingrid Escamilla, por citar algunos de los casos más mediáticos y recientes, son muestra del grado de descomposición del tejido social de nuestro país y también de un grave problema de origen cultural que los tres órdenes de gobierno, sin importar el color, se han visto totalmente rebasados.
En el caso particular del asesinato de Ingrid Escamilla se dio en tiempos en que diferentes grupos defensores de los derechos de la mujer y a favor de la equidad de género se han manifestado con estridencia y acompañados de actos vandálicos para hacerse escuchar, principalmente, en la Ciudad de México.
Por otro lado, este feminicidio en particular puso sobre la mesa de debate de la ética en los medios. Y es que algunos periódicos capitalinos de corte amarillista por el marcado énfasis que ponen a la nota roja o policiaca publicaron fotografías explícitas del cuerpo ensangrentado y mutilado de Ingrid. En este caso, los apuntados fueron, además de los medios impresos sensacionalistas, las autoridades que levantaron y difundieron ese material fotográfico.
Sobre el tema de violencia de género el gobierno federal ha actuado de una manera más bien indiferente. En fechas recientes, el fiscal general Alejandro Gertz anunció el deseo de su cartera de modificar la tipificación de feminicidio y solo mantener la de “homicidio con agravantes” -que incluiría indistintamente los delitos contra hombres y mujeres- en el código penal. Esto debido a que en la ley actual se deben cumplir más condiciones para judicializar un caso como feminicidio que como homicidio, lo que hace más lenta la justicia para las mujeres.
El presidente López Obrador se mostró poco receptivo con el tema en las mañaneras. El 10 de febrero cuando Gertz Manero acudió para darle el cheque de los 2 mil millones de pesos con los que eventualmente se pagarán los premios de la rife del avión en donde no se rifa el avión. Al cuestionar la prensa al fiscal general sobre su propuesta de desaparecer el feminicidio, AMLO atajó: “Miren, no quiero que el tema sea nada más lo del feminicidio, ya está muy claro…”.
El viernes 14 de febrero la periodista y activista Frida Guerrera cuestionó severamente al mandatario sobre los altos índices de feminicidios y la falta de políticas públicas para atender el problema lo que provocó, primero, que uno de los “periodistas” asistentes, tras un intercambio de miradas con el vocero de la presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, se levantara de su lugar con micrófono en mano para decir que el presidente ya había hablado mucho sobre el tema de feminicidios. Y, segundo, provocó también que el presidente improvisara un decálogo que resultó un catálogo de buenas intenciones, plagado de lugares comunes. Lo peor fue que la gente de comunicación social del gobierno federal decidieran darle diseño a ese decálogo para difundirlo en redes, buscando con ellos hacer frente a la crisis. Pero lo que sucedió es que le echaron gasolina al fuego. Fueron tundidos de manera severa y tuvieron que retirar la publicación.
En términos mediáticos se puede hablar de un autogol el manejo del caso Ingrid Escamilla. Ni la nota de la aprehensión del ex director de PEMEX, Emilio Lozoya pudo quitar del foco de la crítica lo que grupos pro feministas consideraron un desplante y falta de sensibilidad del primer mandatario.
La violencia de género es un mal culturan arraigado en nuestra sociedad. Preocuparnos en inculcar a nuestros hijos valores y cambiar paradigmas sobre el trato a la mujer en nuestra casa serían el primer paso. Luego la tarea es del gobierno de implementar políticas públicas eficaces que coadyuven a bajar los altos índices de violencia, abuso y maltrato hacia las mujeres.
Sin importar que luego se deje de hablar de la rifa del avión.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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