¿Se extravió el rumbo de las fuerzas armadas?

Una de las promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue la de sacar al ejercito de las calles. Sin embargo esto no se ha podido materializar. Es más, ha emprendido un plan totalmente opuesto.

Actualmente, a las fuerzas armadas se les han asignado nuevos roles en los que las fuerzas militares tienen un papel activo que contrasta notablemente con la discreta presencia que mantuvieron durante casi todo el siglo XX, cuando se limitaban a brindar apoyo social en casos de emergencia.

Ahora cumplen funciones antes inéditas como lo es la construcción del aeropuerto Felipe Ángeles, apoyando en la construcción de algunos tramos del Tren Maya, de 1,600 sucursales del Banco del Bienestar y 266 cuarteles de la Guardia Nacional. Por otro lado, a la Secretaría de Marina se le ordenó tomar el control administrativo de los puertos mercantes.

Desde que asumió el poder, AMLO promovió nuevas leyes para legitimar los patrullajes militares en la calle. De igual forma, desapareció la Policía Federal y formó la Guardia Nacional, una nueva corporación con disciplina castrense que el Congreso aprobó para tener un mando civil, pero que en realidad está dirigida por militares.

De a poco, la 4T claudicó en su estrategia, es un decir, de “abrazos y no balazos”. En Quintana Roo, por ejemplo, no fueron suficientes los 450 efectivos militares enviados tras el asesinato de dos turistas extranjeros, por lo que López Obrador anunció en plena Mañanera que 80 mil elementos del Ejército Mexicano fueron movilizados por orden suya a esas playas. La cifra más alta de militares desplegados en la calle desde 2006, año en que Calderón inició su llamada guerra contra el narcotráfico.

A este clima habría que agregar el contradictorio y polémico discurso del Secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, que pronunció el pasado sábado en el 111 aniversario del inicio de la Revolución en donde por un lado dijo que “la carrera militar jamás contempla aspiraciones políticas” y, por otro, manifestó a los mexicanos que “es necesario estar unidos en el proyecto de nación que está en marcha, porque solo trabajando en un mismo objetivo podremos hacer que la realidad cada día sea más prometedora”.

De manera casi inmediata surgieron distintas voces de legisladores, constitucionalistas y académicos, que mostraron su desacuerdo e inconformidad con el exhorto del general Sandoval, ya que, se supone al menos, que la única fidelidad que debe de tener el cuerpo castrense es para con nuestra nación y no con ningún proyecto político, como lo es la llamada 4T.

Pedir, desde su posición y su cargo una adhesión para con la actual administración federal, lo coloca en un lugar de parcialidad inadmisible para quien debe de conducirse con neutralidad.

El haber retirado al ejército de la vida política del país, ha representado el más largo período de paz, 75 años, que ha tenido México.

Al desempeñar atribuciones que van mucho más allá de las que le asigna la Constitución, se desnaturaliza la función del Ejército. El pretender inmiscuirse en la vida política del país contradice su histórica y necesaria neutralidad.

Además de esto, el naturalizar que cada vez haya más elementos del ejército en nuestras calles debería de ser algo para preocuparnos. Bajo ninguna circunstancia es bueno que nuestro país se pinte de color verde olivo.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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