Sin cambio, solo alternancia

Está a punto de cumplirse el último año de los gobiernos de alternancia y entre aciertos, errores y una larga curva de aprendizaje parece que aun no acaban de definir hacia dónde van, no se perciben objetivos ni estrategias para alcanzarlos y eso no genera mucha certidumbre en la sociedad precisamente porque nunca hubo actitudes ni políticas públicas que indicaran cambios en la forma de gobernar y de dirigir el desarrollo.

Ante la falta de innovación gubernamental el concepto de cambio que se le ha mostrado a los duranguenses es bastante pobre, básicamente las secretarías y dependencias hicieron lo mismo que en el sexenio anterior, no generaron nuevas ideas ni proyectos distintos a los del pasado.

Lo cierto es que los gobiernos actuales, tanto el de la capital como el del estado, parecen más de continuidad, Durango realmente necesitaba una transformación institucional que le permitiera romper paradigmas y dejar de seguir utilizando soluciones que ya han fracasado una y otra vez.

Si se quieren obtener resultados diferentes se tienen que hacer cosas distintas, fácil de decir, pero al parecer difícil de hacer por los gobiernos actuales; conforme pasa el tiempo las expectativas siguen disminuyendo, ya que no demostraron tener las actitudes y aptitudes necesarias para resolver los grandes problemas de Durango.

No se perciben resultados exitosos ni de alto impacto social que los secretarios puedan ofrecerle al gobernador para su sexto informe de gobierno, en muchos aspectos parece que estos años no se han aprovechado bien; la realidad del estado y de la capital exigen administraciones más enfocadas a gobernar y a cumplir objetivos que a desahogar agendas de efemérides, actos públicos y reuniones intrascendentes.

Los gobiernos en nuestro Estado siguen actuando con sus formas y tiempos tradicionales, desarticulados de las intensas dinámicas de la globalidad, aquí se sigue teniendo en observación y evaluación durante meses y hasta años a funcionarios que desde el principio evidencian serias carencias para poder cumplir aceptablemente sus responsabilidades, como si la problemática se fuera a detener hasta que ellos aprendan; los cambios deberían ser inmediatos.

No está siendo socialmente útil que en cada cambio de administración se improvisen funcionarios, en Durango ya es muy necesario crear al menos un servicio profesional de carrera, debido a que este formato de administración gubernamental está más diseñado para los fracasos que para los éxitos, precisamente porque está saturado de leyes, normativas, burócratas y funcionarios que en vez de facilitar el cumplimiento de los roles institucionales, los obstaculizan y los entorpecen.

En los últimos años a muchos les ha dado por llamar a Durango el “Chiapas del Norte”, creo que no tienen mucha idea de lo que están hablando, tal vez solo los comparan por la falta de oportunidades que hay en ambas entidades para su población, porque Chiapas es uno de los estados que más dinero y programas federales recibe a diferencia de Durango.

Desde el principio el gobierno estatal no supo definir sus objetivos estratégicos, las rutas para lograrlos y tampoco cómo comunicarlo a la sociedad, en consecuencia, retener la confianza obtenida en las urnas en 2016, la cual era básica para poder darle certidumbre a una ciudadanía que aún ahora no alcanza a comprender que están haciendo o qué pretendían hacer sus gobernantes.

Hasta el momento han gobernado sin una oposición política real y aun así no han avanzado mucho, tal vez porque no saben hacia dónde hacerlo, pero esta circunstancia puede variar mucho y eventualmente se les complicarán más las cosas en los próximos meses cuando empiece la etapa de campañas, sus candidatos difícilmente podrán justificar los resultados obtenidos por esta alternancia sin cambio.

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