Sin Dios no soy nada (II parte)

-¿Has encontrado refugio en Dios? * Sí, yo siento que sin Dios no soy nadie; aquí es donde yo me siento apoyado con Dios y con cada uno de mis amigos que tengo aquí, con el grupo que venimos a orar todos los días a las seis de la mañana, por toda la gente, hasta por los enfermos y todo eso ¿verdad?, es una actividad bien hermosa porque créame que yo nunca pensé estar en un lugar alabando a Dios; nunca me imaginé que me iba a estar hincando, arrodillándome ante Él.

– ¿Nunca fuiste creyente? * No, creía en otras cosas pero me di cuenta que no hay nadie más grande que Dios.

– ¿En qué creías? * En la Santa Muerte, pero ahora que estoy un poco más “madurillo”, no le digo que mucho, pero un poco más maduro, estoy agarrando el rollo y le estoy echando para adelante aquí adentro.

– Dices, ya perdonaste a tus papás, ¿Te vienen a ver, los puedes ver a la cara, les puedes dar un abrazo, un beso, las caricias que ellos te negaron cuando eras pequeño? * Pues no, no he tenido visita pero de todos modos por teléfono y eso les digo, que los quiero y que los amo y que los perdono, y que me perdonen también por todo lo que les he hecho ¿Verdad? porque yo trataba de vengarme ¿No? porque me hicieron mucho daño al verlos drogarse, y yo lo hacía para hacerles pasar preocupaciones; pero ahora que no se drogan pues les pido perdón a ellos y también los perdono.

– Llevas cuatro meses ¿Y no han venido a verte? * No. Yo creo que a lo mejor es por causa de dinero y yo los entiendo. Tampoco me voy poner mal y que no me quieren y que acá. Yo los entiendo; si no tienen dinero es por algo.

– ¿No son de aquí de la capital? * No, ellos están en Ciudad Juárez.

– ¿Y tú qué andabas haciendo por acá? * Pues estaba con mi abuelita, y pues no le digo que falleció mi hermano; o sea que antes de irnos estaba su tumba y tenía pura tierra y con la lluvia se iba a perder; venimos a arreglarle y pues no sé, me empecé a juntar con los amigos de mis primos y todo eso, y pues yo solo verdad, nadie me puso una pistola en la cabeza para agarrar la droga; yo solo me metí a eso.

– ¿Quién te dio la primera droga? * Pues un amigo, bueno no es mi amigo, uno de ahí de los mismos chavos que se juntan en la esquina; ya los conocía de otras ocasiones que había venido. Y un día desperté con la malilla y fui y me senté en la esquina y de repente llegó y sacó unas pastas y todo eso y me puse absolutamente loco verdad, y estaba inconsciente y no sabía lo que estaba haciendo.

– ¿Fue cuando pasó lo del homicidio? * Sí. – ¿Tú no fuiste? * No, pero lo que yo sí me recuerdo bien es que yo nomás miré, pero no participé en nada de eso.

– Platícame descríbeme ¿Qué tienes en tu brazo? * Estos son tatuajes de revista ¿No? Pues no le digo que creía antes en la Santa Muerte y traigo varias calaveritas

– Y ahora dices que encontraste refugio en Dios ¿Qué significa esto que hiciste? * Pues para mí no significa nada… Por el simple hecho de que a mí me gustaba es como un arte no… O sea haga de cuenta un arte… Me gustaban  los tatuajes y me siguen gustando pero ya no me voy a hacer… Ya no la voy a regar ya estuvo.

– ¿Cuántos tienes? * La verdad no sé, no me los he contado, pero sí tengo el brazo lleno; el brazo derecho.

– ¿Es en la única parte dónde estás tatuado? * En la espalda, en los hombros y en los pies.

– ¿Sientes que va a cambiar tu vida después de estar aquí en el CERTMI? * No. No siento. Ya estoy cambiando, ya lo siento, no es de la noche a la mañana pero ya poco a poco voy sintiendo un cambio y sé que Dios se está manifestando en mi vida. Y por eso les aconsejo a los chavos que están allá afuera que piensen bien las cosas antes de hacerlas porque tienen muchas consecuencias más que nada. Todo esto los puede llevar a la cárcel o a la muerte y no es grato porque las que sufren son las familias.

*Tomada del libro: Espinosa M.. (2015). Resplandor entre rejas. México D.F.; Benito Juárez, SNTE.

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