Soy Feliz

Por Marco Antonio Espinosa López

Resplandor entre rejas LV

-¿Cómo te sientes?

* Sabe que la verdad pues me siento igual que todos, simplemente soy un simple preso, pero tengo una vida por delante, una vez saliendo; se podría decir a lo mejor tengo un talento, porque me gusta mucho escribir.

– ¿Qué escribes?

* De mi vida personal. Tengo pocos años de vida pero la verdad no termino de estarle contando, porque en un día le puedo escribir un libro de todo lo que viví, de todo lo vivido y cosas buenas, cosas malas y temporáneas y todo eso.

– Platícanos un poco de las cosas buenas que has vivido.

* De mi familia la verdad porque aún recuerdo que me la pasé con mi madre, con mis hermanas, con mi padre, antes de que se separaran tan sólo teniendo yo ocho años. Recuerdo cuando mi padre me llevaba al kinder y cuando me peleaba con mis hermanas. Igual con mi madre y mi padre. Cuando me llevaban junto con mis hermanas a pasear al parque, a la plaza y en lo que yo le hacía un dibujo a papá, entre él y mi madre.

– Cuando eras un poco más grande ¿Qué recuerdas?

* Pues en mi adolescencia la verdad podría recordar cuando me llevaban a primaria y a secundaria; a sexto grado todavía me llevaba mi mamá y me llevaba agarrado de la mano; me compraba un jugo y una manzana, una lonchera me llevaba y la verdad todavía no empezaba muy metido en las pandillas; recuerdo que hasta todavía en secundaria mi hermana y en la familia me ayudaban a hacer la tarea y todavía podía decirle buenos días a mi padre, a mi madre, a mis hermanas cuando me despertaban.

– ¿Eras el más chico?

* Casi, porque me sigue una hermana de 16 años; ahorita tengo 21, somos de los más chicos y el único varón, porque son puras mujeres.

– ¿Cuántas hermanas?

* Cuatro y yo el único hombre, sigue otra más pequeña de 16.

– Y en tu juventud, ¿Qué recuerdos tienes?

* Pues recuerdo que trabajaba legalmente. Ya tenía mi noviecita y la verdad no era pasado; era más bien muy cursi, hasta vergüenza me da. De manita sudada, de besito de piquito y buenas noches mi amor; “suegra le traje a su hija”. Es algo que te acuerdas y te da risa, hasta te sientes bien de esos momentos. Mejor hubiera preferido seguir ese camino, en lugar de estar con esto.

– ¿En qué momento se va esto bonito?

* Pues sabe, cuando mi papá se separó de mi madre. Mi mamá siempre me quería tener en casa y no me dejaba salir; o sea yo sí le hacía caso y todo; de repente, bajo el agua, me salía y llegaba tarde a la casa porque tenía una regla, una hora en la que tenía que llegar y si no llegaba me castigaba; ya no me compraba si necesitaba unos tenis o un pantalón, una camisa; ya me iba poniendo un alto y me sentía más presionado; sentía una presión y no me gustó y aparte teníamos problemas económicos y no le quería dar problemas a mi mamá porque mis hermanas le digo tenía la más chica y estaba más enfocada en ella; yo no me sentía rechazado pero no quería ser un problema y quise buscar la manera de ayudarla y ayudarme a mí mismo y tener mis propias cosas… Ganar mi dinero sin que mi papá y mi mamá me estuvieran dando.

– ¿Por eso hiciste lo que hacías?

* Sí. Porque aparte me empezó a gustar y cuando la primera vez que obtuve dinero, me acuerdo que en ese entonces eran mil pesos, y era mucho. Me acuerdo que compré unos tenis y un pantalón, una camisa y todavía me quedó dinero y me fui con unos amigos y unas amigas y ahí fue cuando me di cuenta que era dinero mal habido; pensé en que era la forma más fácil de obtener dinero.

– ¿En realidad es fácil ganarse así el dinero?

* Pues no, porque sí es difícil, porque le tienes que echar coco y te tienes que estar siempre con un ojo al gato y otro al garabato porque si no te tuercen. A donde quiera que vayas y creas que vas a obtener dinero fácil, créanme que es lo más difícil, es lo más cansado y agotador, desgastante porque tienes que poner todas tus energías en ello.

– ¿Qué es lo que pretendes ahora? ¿Tener una consecución de esos recuerdos maravillosos? ¿O seguir con los momentos que te trajeron aquí?

* Seguir siendo feliz, porque en el momento en que llegué aquí “todo se acabó”; sigo teniendo a mis padres, eso me hace saber que sigo con su apoyo; creo en el Altísimo y eso me refuerza. Hace poco, cinco meses, se me alumbró más el corazón porque conocí a una chava y “ajas”, aún estando aquí encerrado. Yo quería que ella me viera feliz, que no me viera amargado, apachurrado… Quería que dijera “este morro es alegre”. Ya me faltan unos meses para salir. Ya sé lo que se siente estar en la cárcel; lo que se siente ser humillado, rechazado y no es fácil, no me gustó; creo que me fui por un camino, pero el camino equivocado, pero iré por más momentos en mi vida.

– Por más momentos felices me imagino.

* Claro. Todos me van a ver con una sonrisa. La neta, se acaba de ir esta chava pero ando más contento porque se fue a un lugar en el que va a estar bien y pronto va a venir a visitarme y no me va dejar solo, y por eso estoy contento me falta poco. ¿Qué tanto le puedo decir, verdad?

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