De gallinas a pianistas

Miguel Ángel Burciaga Díaz.

Aunque a veces no se hable tanto de ello, el humor suele ser uno de los alicientes más comunes en el trabajo de diversos compositores notables, quienes expresaban su simpatía, sarcasmo, sátiras o ironías a través de la misma música.

Entre las múltiples historias sobre obras creadas con fines lúdicos, destaca “El carnaval de los animales” del célebre compositor francés Camille Saint – Saëns (1835 – 1921). No cabe duda de que él es uno de los grandes íconos de la historia de la música francesa, además de haber sido un gran maestro de música en su tiempo y que su legado de más de cuatrocientas obras es invaluable para el repertorio común de temporadas de ópera, orquestas sinfónicas, solistas y ensambles de cámara hasta el día de hoy.

Aficionado a diversas ciencias, especialmente la astronomía, Saint – Saëns empleaba gran parte de su tiempo discutiendo y aprendiendo de los grandes científicos e intelectuales de su época sobre diversas ramas del conocimiento, con los que disfrutaba de amenas tertulias en las que uno de sus frecuentes invitados era nada menos que el compositor y virtuoso húngaro, Franz Liszt.

Hacia comienzo de 1886, Saint – Saëns dejó por un momento de lado la grandilocuencia de sus sinfonías, óperas y conciertos, y empezó a trabajar en un divertimento para la época del carnaval pensado para un ensamble de cámara.

Conforme avanzaba en la escritura, la obra parecía distanciarse de lo que él acostumbraba a llevar a la sala de concierto y terminó convirtiéndose en lo que sería una hilarante humorada que apreciarían sus amigos en alguna de sus tertulias.

Fue así como con 14 movimientos para un ensamble de dos pianistas, conjunto de cuerdas, maderas y percusión apareció el “Carnaval de los animales”.

La obra es un desfile de diversas criaturas que se manifiestan en cada uno de los movimientos siempre con una intención cómica muy ingeniosa, puesto que los niveles de humor son diversos, desde los más elementales que consisten en representar las onomatopeyas de los animales, hasta agudas críticas a reconocidos compositores y críticos de la época, que eran perfectamente entendidas por los asistentes a las tertulias del compositor.

La música elaborada con elementos muy sencillos resulta totalmente brillante y eficiente para el propósito de cada una de las piezas, tales como las gallinas alocadas que deben ser controladas por un gallo, los animales orejudos y veloces como las liebres, los pájaros inundando el cielo o un hermoso acuario que nos deja ver los lindos peces que lo habitan.

Aparece un león imponente como un rey romano, exóticos canguros y necios burros que rebuznan a través de los violines a los que el compositor alude como personajes de orejas largas, en homenaje a los críticos musicales.

Muy gracioso es también que, para representar a las tortugas, el compositor utilizó el famoso tema del “Can-Can”, creado por Offenbach para su ópera “Orfeo en los infiernos”, pero puesto a un tiempo tan lento que acompaña el pausado movimiento de estos reptiles. Se suma también una parodia de un tema solemne de Berlioz para representar a los elefantes con un contrabajo cantando en el registro más grave y el chiste donde para representar a un cucú en el fondo del bosque, el clarinetista debe ponerse atrás del escenario.

Para redondear el desfile, aparecen los pianistas como parte de la fauna, donde explícitamente Saint-Säens pide a los ejecutantes que se equivoquen en esas burdas escalas como lo hace un principiante con sus ejercicios y al final en la pieza de los fósiles, Saint-Säens se burla a si mismo al ridiculizar su famosa “Danza macabra”, mezclada con temas infantiles e incluso una famosa aria del “Barbero de Sevilla” de Rossini.

La obra era tan cómica, que Saint- Säens temeroso de que su reputación fuera perjudicada, prohibió que la obra se publicara o se presentara en escenario hasta su muerte, dejando libre de tal condena solo al “Cisne”, la única pieza seria de la obra y que es una de las melodías más célebres para violoncello.

Al final, la historia le jugó una broma a Saint- Saëns con su “Carnaval de los animales”, como a Ravel con el “Bolero” o a Tchaikovsky con “El cascanueces”, las cuales si bien no son las más importantes de su producción y ellos además se avergonzaban de ellas, son las más populares a nivel masivo.

Dada las características de la obra, suele ser una gran recomendación para acercar a los niños a la audición de la música clásica, aunque la verdad que es una obra para el disfrute de cualquiera.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

Puedes comentar con Facebook