Durango en el tiempo | Carta a Dolores del Río

Por: Oscar Luna G.

Querida Dolores, te escribo desde tu natal ciudad de Durango, está bella ciudad que te vio nacer aquel 3 de agosto de 1904, año en que nació aquella pequeña niña que después se convertiría en una gran estrella de cine. Llegaste a alegrar la vida de tus padres, el señor Jesús Asúnsolo y de la señora Antonia López Negrete, ambos reconocidos entre la sociedad de Durango por ser personajes con buen nivel económico y un buen estatus social.

Tus primeros años los pasaste en esta bella ciudad, en tu casa ubicada en la calle de Hidalgo, hoy llamado corredor Dolores en tu honor. Aunque debo decirte que me sorprendí cuando escuché tu nombre de pila; María de los Dolores Asúnsolo y López Negrete, un nombre muy rimbombante y bello del siglo pasado. Imagino lo interesante y lindos que fueron tus primeros años en esta ciudad, visitando la catedral, caminando por las principales calles, asistiendo a tus clases de piano, idiomas, literatura entre muchas otras que tuviste la oportunidad de tomar y después te ayudarían a destacar en tu vida profesional.

A muy corta edad te toco vivir un acontecimiento que marcaría la historia y el rumbo de nuestro país, ya que cuando apenas tenías 6 años se desató la Revolución Mexicana y tú familia fue una de las principales en ser perseguida por los revolucionarios, pero fue hasta 1913 cuando tú tenías 9 años de edad, que tuvieron que huir a la gran capital para poder sobrevivir a esta situación. Cómo tú lo comentaste años después, tuvieron que huir en tren con vestimenta de clase baja para no ser identificados. Asustada, intrigada y triste, te viste forzada a decirle adiós a la ciudad que te vio nacer y crecer tus primeros años.

¿Qué pensabas mientras ibas en ese vagón de tren hacia la capital? Sé que eras una niña aún, pero tú inteligencia y madurez siempre destacó en ti y estoy seguro que en ese viaje ibas analizando diversas situaciones. Al llegar a México, tú vida cambio completamente, dio un gran giro, porque de ser una familia conocida entre los duranguenses pasaron a ser unos nuevos residentes en una gran ciudad llena de retos y experiencias. Digo experiencias porque un año después de su llegada, tus padres te ingresaron al Colegio de San José, dirigido por monjas francesas que te trasmitieron amplios conocimientos en las ramas del arte y conocimientos académicos.

En México conociste a Jaime del Río, el que sería tu gran primer amor, tanto fue el cariño que se tenían que a la edad de 15 años contrajiste matrimonio con él, para después pasear en su viaje de luna de miel que duró dos años, conociendo grandes países como Italia, España e Inglaterra. Aquella niña que años antes admiraba la catedral de Durango después tuvo la oportunidad de admirar grandes iglesias y edificios de estos magníficos países. A tu regreso a México comenzó un periodo de suma importancia para ti, que el periodo donde conociste a grandes políticos, empresarios, pintores entre muchas otras personas amigos de tu nuevo esposo.

Toda persona que te conocía se quedaba sin palabras por tu belleza, esos rasgos tan únicos que deslumbraban por donde caminaras, tu belleza inspiro a grandes artistas como Diego Rivera, Clemente Orozco, Rosa Covarrubias, Adolfo Best Maugard entre muchos otros, que elaboraron grandes obras  para ti, mismas que las guardabas con alegría en tu casa de “La Escondida” en Coyoacán, México.

Tu puerta al cine fue cuando conociste al director Edwin Carewe, aquel día que mientras tomaban té en una reunión particular donde los presentaron y quedo enamorado e impresionado por tu belleza que no dudo en ofrecerte el papel para su película la muñequita millonaria en el año de 1925. Esta sería la primera de los tantos filmes en las que nos honrarías con tu presencia y talento. En días pasados encontré un archivo grande de fotografías tuyas nunca antes vistas, me sorprendí al mirar tantas fotografías que te tomaron a lo largo de tu vida, recuerdo mucho una foto de un cine en New York donde tenía una larga fila de personas formadas en la taquilla para comprar un boleto para una de tus películas, porque no solo triunfantes en México, sino en Estados Unidos y algunas partes del mundo.

Fuiste la primer mexicana que llegó a Hollywood, me gustaría que me contaras que sientes al saber lo grande que llegaste, lo mucho que tu nombre impactó en el cine, donde disfrutabas cada grabación que realizabas, para después viajar por grandes países para descansar, mire algunas fotos donde apareces en Roma, Egipto, España, Italia por mencionar algunos países. Definitivamente que orgullo eres para los duranguenses.

La palabra “diva” te quedaba a la perfección, eras una gran mujer de pies a cabeza y además interiormente e intelectualmente, la gente se quedaba sorprendida por tu belleza e inteligencia, todos querían convivir contigo, eras invitada a grandes fiestas con diversas personalidades del mundo. Después de llegar a Hollywood viviste diversas situaciones, desde sentimentalmente hasta laboralmente donde regresaste en los años 40s a tu país a triunfar en grandes películas de la época de oro del cine mexicano.

Conforme pasaron los años, ya para la década de los 70s fueron tus últimas apariciones en la gran pantalla, para después hacer teatro con diversas obras de talla internacional, poco a poco se te veía menos en la sociedad, pues tus rutinas cambiaron y preferías la paz de tu hogar en Ciudad de México, acompañada de tus mascotas que siempre te encantaron, pues nunca tuviste menos de 8, el amor por tus mascotas siempre fue enorme.

Lamentablemente nos dejaste un 11 de abril de 1983, hace 39 años que culminó tu brillo en este mundo, tu último suspiro fue en New Port Beach Estados Unidos, pareciera que fue ayer cuando transitabas por la calles de esta bella ciudad, cuando nos visitabas porque siempre estuviste orgullosa de tu ciudad natal. Hoy a casi cuatro décadas de tu partida, te recordamos con orgullo y cariño, siempre serás nuestra flor de bugambilia, nuestra María Candelaria y nuestra Ramona.

Por siempre Dolores del Río….

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