Durango en el tiempo | El fugitivo Ignacio Hidalgo

Por: Oscar Luna G.

El día jueves celebramos con alegría y como todo buen mexicano el 16 de septiembre, que quizá fue una celebración distinta, pues nuevamente por la contingencia que estamos viviendo no se celebraron los eventos de forma masiva, pero esto no fue impedimento para que todos lo festejáramos de alguna manera, ya sea desde casa, viendo algo de manera virtual o de cualquier otra forma.

Gritamos con alegría el ¡Viva los héroes que nos dieron patria y libertad! Y con esta frase quiero iniciar este artículo, porque en Durango, nos inculcan a honrar y valorar a estos héroes nacionales que nos dieron patria, pero muchas veces se olvidan de mencionar a nuestros héroes locales, aquellos duranguenses que participaron en esta lucha y que de alguna manera colaboraron en esta causa, por ello en este artículo me gustaría hablarles de algunos.

Es interesante que en la ciudad de Durango también se dio la participación de mujeres en la independencia y curiosamente una de las participantes tenía el nombre de Josefa, podemos decir que es nuestra  corregidora duranguense, la señora Josefa Alvares Prendes de Royo, quien estaba casada con el escribano José Ramón Royo, ambos muy conocidos entre la sociedad durangueña.

Su casa estaba ubicada, en la que hoy alberga el hotel “posada San Agustín” en la avenida principal 20 de noviembre, esquina noreste con la calle Hidalgo. Esta familia apoyaba la causa insurgente y cuando se enteraron que a esta ciudad llegaron los insurgentes que habían sido detenidos juntos al cura Miguel Hidalgo en Acatita de Bajan, no dudaron en buscar una estrategia para lograr liberarlos.

Los insurgentes estaban detenidos en la cárcel de Durango, que había sido instalada tras su llegada en el antiguo segundo claustro del convento franciscano de San Antonio de Padua, en la actual esquina de 20 de noviembre y Pasteur. Tras su llegada el pueblo de Durango estaba muy indignado de no poder hacer nada, por lo que todos buscaban alguna solución.

Ellos fueron traídos aquí a la capital de la Nueva Vizcaya, porque como fueron detenido en Acatita, esta geográficamente pertenecía a la Nueva Vizcaya, por lo que por esta razón fueron traídos aquí. Mientras que al principal cabecilla insurgente el cura Miguel Hidalgo, fue llevado a Parral Chihuahua, pues ahí se encontraba la Real Audiencia y el gobernador de la Nueva Vizcaya, quien radicaba en este lugar.

La señora Josefa Álvarez, soborno a los guardias de seguridad de esta cárcel, para que dejaran libre a Ignacio Hidalgo, sobrino del prócer de la independencia y quien también era presbítero. Lo dejaron libre y el huyo hacia la casa de la familia Royo, donde le habían prometido iba a ser resguardado y protegido.

La familia sabía que al el fugarse, seria buscado por todas las autoridades del ayuntamiento, pero jamás iban a imaginar que estaría en una de las casas de Durango, pero por si las dudas decidieron resguardarlo en las caballerizas, que se ubicaban en la parte trasera de la casa, en este lugar permaneció toda una noche, con miedo a ser descubierto.

A la mañana siguiente después de su fuga, la señora Josefa decide darle un anillo de su lote de joyas, para que lo vendiera y pudiera huir hacia el país vecino, que era a donde originalmente se dirigían antes de ser detenidos. Ignacio emprende su recorrido hacia el norte por la calle lateral de esta casa, que antiguamente tenía el nombre de Estampa de San Agustín.

A escasos minutos de esta ciudad, se encontró con el rancho la Morga, que actualmente ya es una colonia que lleva este mismo nombre, aquí intenta comprar un caballo dando de intercambio el anillo, pero lamentablemente fue reconocido por el dueño del caballo, quien lo detuvo y lo entrego a las autoridades de la ciudad.

Es lamentable que Ignacio no haya podido huir y fuera apresado nuevamente, fue llevado de nuevo a la cárcel de donde se había escapado, y tiempo después fue ejecutado junto a otros insurgentes en la parte trasera del Santuario de Guadalupe, de esta manera les arrebataron la vida a estos hombres, que su único delito era defender la libertad mediante el movimiento insurgente.

Este acontecimiento es triste y lamentable, pero es interesante saber que sucedió en nuestra ciudad, que no solo aquí se vivió la última batalla de esta rebelión como ya habíamos explicado semanas atrás, sino también este acontecimiento de que Durango fue testigo del encarcelamiento y fusilamiento de estos insurgentes.

Espero valoremos toda esta historia tan interesante que nuestra ciudad resguarda y cada vez que transitemos frente al lugar donde anteriormente estaba la casa de Josefa (20 de noviembre e Hidalgo) recuerden que este lugar paso una noche de angustia el fugitivo Ignacio Hidalgo.

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