Durango en el tiempo | EL PENDIENTE

Por: Oscar Luna G.

En la actual calle de Negrete y calle de Patoni en el centro histórico, existe empotrada en la casa noroeste una cruz, que honra un acontecimiento muy interesante que sucedió en Durango en el año de 1833. Mismo acontecimiento que hizo que por muchas décadas a este barrio del centro histórico y este segmento de la calle se le conociera como “El pendiente”, en esta ocasión me gustaría hablarles de curioso hecho.

Transcurrían los años 30s del siglo XIX en Durango, la sociedad estaba un poco afectada por la recién concluida guerra de Independencia, una situación difícil por la que atravesó el país y posterior a ella la situación penal en todo el país se comenzó a endurecer, pues aquel que cometiera algún delito se le imponían medidas grandes.

En estos años el síndico municipal de la ciudad de Durango era el Sr. Jaime Hernández, un distinguido hombre entre la sociedad, pues su cualidades y trabajo lo ayudaron a alcanzar este cargo interesante. Él estaba casado con la señora Juana Nepomuca Alcalde, una mujer también reconocida entre la elite duranguense, ambos vivían su matrimonio felizmente.

Pero lamentablemente esta felicidad no les duraría mucho, pues la Sra. Juana inicio una aventura amorosa con un joven de la ciudad, curiosamente también de apellido Hernández, ambos iniciaron su ventura secreta quizá por muchos meses, la aventura fue tan grande que para poder quedarse juntos deciden planear la muerte del síndico municipal, para que nada ni nadie impidiera su amor.

Es así como en el año de 1833 ejecutan con alevosía y ventaja al Sr. Jaime Hernández, lo privan de su vida en este crucero de las calles antes mencionadas. Ellos creyeron que una vez cometido el crimen nadie se daría cuenta y podrían salir libres de esta acción penal que cometieron. Pero esto no fue así, porque algunos testigos vieron a estos individuoscomo después de haber cometido el crimen huyeron, pero fueron denunciados.

Una vez enterada las autoridades se procedió a la detención de estos dos amantes y fueron llevados a la entonces cárcel de Durango, que se encontraba en la actual calle 20 de noviembre y calle Patoni. Ya detenidos se inició la investigación y juicio por el delito que cometieron.

Días después de su detención, se dicta sentencia para el joven Hernández, se determina que sea ejecutado en el patíbulo frente a la sociedad duranguense. El lugar de su pena de muerte se determina sea en la esquina de las hoy calles de Negrete y Patoni, en la misma esquina donde ellos habían privado de la vida al síndico municipal.

Como lo dictaron las autoridades, este hombre fue privado de su vida, como pena por el delito que cometió, personas de Durango presentaron este acontecimiento como el joven era ejecutado en el patíbulo, una forma de ejecución inventada en Europa desde siglos atrás, algo similar a una horca. Por ello cuando el joven fue ejecutado su cuerpo quedo como un pendiente colgando de la cuerda, desde aquí a esta ejecución se le conoció como la del pendiente.

Se colocó en esta esquina una cruz de madera dedicada al joven para que descansara en paz, esta cruz duro varias décadas hasta que desafortunadamente fue robada, pero todos los habitantes recordaban este acontecimiento en este lugar, por ello como mencione en el inicio a este barrio y calle los habitantes de la ciudad lo conocía como el pendiente.

Acerca de Juana la amante, su caso penal se volvió muy relevante, pues se dice es el caso de litigio más importante del siglo XIX, ya que a ella también la querían ejecutar pero su defensor, el Lic. José Fernando Ramírez, una persona también muy conocida en la ciudad la defendió arduamente, el argumento es que ella estaba embarazada y no le podían dictar sentencia de muerte, porque no se trataría de una muerte sino de dos.

Es interesante ver este tema tan importante de litigio y esta ejecución tan recordada en el Durango antiguo. Posterior a esto se generaron una serie de leyendas acerca de esta ejecución, lamentablemente mucha ya se han perdido, pues hoy ya no muchos habitantes de la ciudad recuerdan este acontecimiento.

Espero la próxima vez que transiten por estas calles recuerden la ejecución del joven Hernández, rememoren a este pendiente con su cruz en la casa de la esquina noroeste, misma que fue recuperada años atrás por la familia Garcinava, no es la original, pero si una nueva de cantera que recuerda este acontecimiento tan conocido en el Durango pasado.

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