Durango en el tiempo | Galería Episcopal de Catedral

Oscar Luna G.

En la parte trasera de la Catedral de Durango, se encuentra una pequeña puerta, que quizá muchos imaginamos que es de acceso exclusivo para miembros de la iglesia, pero la verdad es que es la entrada a la Galería Episcopal, uno de los museos más interesantes con los que cuenta nuestra ciudad, donde podemos conocer la interesante historia de la vida de la iglesia.

Este museo esta albergado en el edificio anexo a la catedral, el cual fue construido para ser casa de la Haceduria, este fue construido en la última etapa de catedral en el año de 1720, el cual años después albergo en una de sus salas la llamada “Sala Capitular”, lugar de reunión de todos los miembros de cabildo para tomar las decisiones sobre el obispado.

Actualmente aún podemos encontrar esta sala con los elementos originales que en su momento se usaron, la mesa capitular, rodeada de sus sedes episcopales, adornada en sus paredes por pinturas de la muerte de los apóstoles realizados por diversos autores. Esta galería cuenta con una serie de obras y ornamentos litúrgicos de diversos siglos, resguardados en diez salas que forman esta galería.

Colocados de una manera cronológica, nos reciben en las primeras salas objetos del siglo XVI, XVII y XVIII, objetos como el tenebrario considerado como una joya única en el norte del país y quizá en el mundo, el cual fue traído desde Puebla en el siglo XVIII, por el señor Benito Crespo y Monroy, Obispo de Durango.

Este museo cuenta con dos reliquias donadas por la señora Catalina Laurenciana Ríos en 1844 las cuales son dos cráneos en homenaje a San Benedicto y Santa Faustina, moldeadas en cera, talladas de una manera tan delicada que pareciese como si fuera un rostro humano real.

Además, en este lugar se resguarda la máxima colección de libros de coro del siglo XVIII que fueron fabricados en la Ciudad de México, entre 1720 y 1760, mismos que eran usados para las celebraciones litúrgicas o misas cantadas en esta catedral, son uno de los mayores tesoros que se encuentran aquí, pues los libros están intactos por el tiempo, de gran tamaño pues esto permitía que las notas fueran visibles para todos los miembros del coro.

Cuenta también con dos órganos tubulares monumentales, mismos que datan del siglo XVIII y XIX los cuales aún funcionan y son utilizados en ceremonias solemnes, pero si tienes la oportunidad de visitar este museo en el recorrido guiado te ofrecerán un deleite al tocarte algunas notas en estos grandes órganos.

Una de mis salas favoritas, que en lo particular visito cada que tengo oportunidad, es la sala de los obispos, donde en ella se encuentra la galería de los obispos pues están las obras pictóricas de cada uno de los prelados que tuvo la oportunidad de dirigir esta diócesis, la sensación al estar frente a estos grandes cuadros, es una experiencia única pues te remontas a cada uno de sus periodos.

Si jamás has visitado este museo sacro, tienes que hacerlo cuanto antes, ir acompañado de amigos, familiares o alguna persona que venga a visitar nuestra ciudad, y mostrarle la interesante historia que tenemos en el ámbito eclesiástico, no necesitamos ser devotos para poder asistir y admirar estas grandes obras.

Al asistir a este museo, serás recibido por dos grandes guías reconocidos y expertos en este tema, los hermanos Alicia y Gerardo quien, por 13 años, han dedicado su talento en la historia, ofreciendo recorridos guiados, aparte de ser quienes cuidan, protegen y embellecen esta galería.

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