Durango en el tiempo | LOS JESUITAS EN DURANGO

Por Oscar Luna G. 

Saludo una semana más a todos los lectores que siguen esta sección de colaboraciones históricas, donde semana con semana vamos aprendiendo diversos temas de Durango y vamos generando individualmente una opinión acerca de los temas. Como mencioné la semana anterior estaré compartiendo investigaciones que realicé en Europa ya que hace unos días estuve en aquel bello continente.

Mi visita a España fue para mí la parte que más me gusto del viaje, porque España es simplemente hermosa y además por tantas similitudes que tenemos en común, ya que tras ser conquistados por españoles y dirigidos por ellos por dos siglos nos heredaron diversas costumbres, situaciones, nombres, etc., que hasta hoy siguen en nuestro día a día.

Mientras caminaba por la Plaza del Sol en Madrid, encontré la estatua del gran Rey Carlos III, un personaje ampliamente controversial ya que es idolatrado por unos y repudiado por otros. Una de las situaciones que más se recuerdan de este Rey, es la orden de expulsar a los jesuitas del continente americano en el año de 1767, aquella orden religiosa que se había establecido en este continente desde el siglo XVI, en el caso de nuestra ciudad, estaba establecida la Compañía de Jesús y fueron expulsados, afectando de gran manera esta ciudad, pero; ¿Por qué hizo esto el Rey Carlos III?

La compañía de los Jesuitas fue fundada el 27 de septiembre de 1540 en Montmartre, Paris Francia por el hoy santo San Ignacio de Loyola. Durante el siglo XVI mientras se iba colonizando la Nueva España, se les concedió el permiso de llegar a estas tierras a establecerse y ayudar con la evangelización de los naturales que se estaba realizando. Los jesuitas a pesar de ser religiosos su principal labor no era la evangelización sino la educación, siempre se caracterizaron por ser los educadores de estas tierras, así los conocía la gente en estos lugares.

En el año de 1592 los jesuitas se encontraban estableciendo su orden en el estado vecino de Zacatecas y tras saber esto el gobernador de Durango, Rodrigo del Rio, envió unas misivas donde expresaba su interés por que su compañía llegará a la capital de la Nueva Vizcaya. Tras un análisis entre los miembros de dicha compañía, enviaron una respuesta positiva diciendo que vendrían a estos territorios. Unos meses después llegaron a esta hoy ciudad de Durango y se establecieron muy cerca de la Plaza Principal, en un solar que compraron a la viuda de Alonso de Pacheco, capitán español que fue el encargado de realizar la traza de las calles de esta ciudad. En el solar antes mencionado establecieron su residencia, la primera de ellas pequeña y muy austera, pero con los años fueron edificando algo de mayor dimensión, hasta llegar al edificio que hoy en día se conoce.

Para 1597 los jesuitas establecieron en su residencia el Colegio Guadiana, una escuela de primeras letras, atendida por cuatro o cinco religiosos, que enseñaban a leer y escribir a los hijos de los vecinos; y latín y gramática a los mayores. Fuimos afortunados que en nuestra ciudad se estableciera este Colegio que con los años comenzó a adquirir gran popularidad y se posicionó como el más importante del norte de México. Es interesante realizar el análisis del impacto social educativo que esto tuvo en nuestra población, pues la mayoría de los habitantes tuvo la fortuna de recibir educación jesuita que para ese tiempo era lo mejor de lo mejor, ya que eran las personas más estudiadas y analíticas que existían, pero esta inteligencia sería su pecado muchas décadas después, pues Carlos III vio su inteligencia como un peligro no como un dote.

El 25 de junio de 1767, fiesta del Sagrado Corazón y antes de rayar el alba, en la Casa Profesa y en todos los colegios de la Nueva España, se presentaron las fuerzas armadas con el delegado del virrey que notificó que por orden del rey Carlos III, todos los jesuitas quedaban desde ese momento incomunicados y tendrían que salir para España sin más pertenencias que el breviario, la ropa puesta y el dinero que pertenecía a cada uno. Entre los decires y maldecirles que causaron su expulsión se achacaba a los jesuitas haberse enriquecido enormemente en las misiones, haber intervenido en política obstaculizando a los reyes de España y hasta haber planeado el asesinato de los reyes José de Portugal y Luis XV de Francia.

Sin embargo, la razón fue más profunda: los jesuitas, a diferencia de otras órdenes religiosas se negaban a negociar nada con los estados no católicos. La actitud, entonces sin excepciones, de los defensores de los derechos de la Santa Sede contra los regalistas (los defensores de las regalías o derechos privilegiados de la corona en las relaciones de ésta con la iglesia) fue la verdadera causa para la extirpación de los jesuitas en los países católicos.

Fue así como los maestros de la ciudad de Durango, aquellos hombres que habían educado y formado a muchos habitantes de esta región, se iban de manera sorpresiva hacia España, tristes y confundidos por no comprender la situación. Su expulsión se dio tan rápida que incluso hubo habitantes que no se enteró de su expulsión hasta días después ya que se intentó no levantar sospechas entre los habitantes. De esta manera su residencia, su colegio y su templo anexo quedaron abandonados, justo en el momento que se encontraban los trabajos de ampliación, pero la decisión tan drástica del Rey Carlos ocasionó que jamás vieran su proyecto de construcción culminado.

Así estuvo durante varios años abandonando su edificio, en obra negra y sin poder acceder a él, hasta que ya para 1791 se ordena por el entonces obispo de Durango la recuperación de este edificio y sobre todo la financiación para la culminación de las obras que estuvieron a cargo del maestro Ignacio Morin, que se encargó de embellecer el lugar y dejarlo del modo que hasta hoy en día se conoce, pero ya no cómo edificio jesuita, sino como sede de las oficinas de la Universidad Juárez del Estado de Durango.

Definitivamente la decisión del rey afectó a toda la población de América. Décadas después ya para 1813 el nuevo Rey Fernando VII les permitió su regreso a América; a estas tierras los jesuitas volvieron para el año de 1821, pero su orden estaba tan fracturada que no se pudieron establecer de la misma manera.

El tiempo y la historia se ha encargado de juzgar esta acción del Rey Carlos, la pregunta es; ¿Qué hubiera pasado si los jesuitas no hubieran sido expulsados? Preguntas que solo nos hace tener suposiciones de algo que no paso ni pasará jamás. Mientras tanto Carlos luce imponente sobre su caballo en una de las principales plazas de Madrid. También visite su tumba en el Escorial, una tumba muy pomposa y soberbia que solo hace recordar al gran Rey que llegó a ser.

Hoy recordamos con orgullo a los maestros jesuitas que habitaron en esta ciudad, a los educadores de la población, a aquellos hombres que nos dejaron ese gran edificio que hasta hoy podemos visitar, porque siempre admiraremos su labor, la labor educativa de los jesuitas en la ciudad de Durango.

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