Durango en el Tiempo | Visita del papa Juan Pablo II a Durango

Oscar Luna G.

Este 9 de mayo se conmemorará un aniversario más de la visita del papa Juan Pablo II, un acontecimiento que marcó la historia de Durango, pues nunca antes se había recibido esta autoridad eclesiástica en estas tierras.

La presencia del sucesor de Pedro a nuestra ciudad de Durango, fue gestionada por el entonces arzobispo Antonio López Aviña, quien en agosto de 1989 anunciaba a todos los duranguenses con gusto la noticia de que esta tierra recibiría al santo padre por dos días.

Los preparativos para este evento fueron por más de un año, se crearon comités los cuales estaría a cargo de la logística y organización de esta visita, para que todo saliera perfecto.

Era el 9 de mayo de 1990 cuando a las 10:40 horas arribó el santo padre al Aeropuerto Internacional de Durango, proveniente de Aguascalientes, una gran cantidad de duranguenses ya lo recibían con mucha alegría, resaltando en ellos su vestimenta blanca y banderas de color amarillo, representando los colores de la bandera del vaticano. En su arribo fue recibido por autoridades eclesiásticas y de gobierno.

El primer lugar que visitó en esta ciudad, fue en el Centro de Reinserción Social No. 1, donde lo esperaban 100 invitados especiales, 988 hombres y 30 mujeres privadas de su libertad que forman un total de mil 18 internos. Dirigió la solemne eucaristía y saludo a todos los invitados para posterior a esto dirigirse hacia el Teatro Ricardo Castro.

Durante el trayecto de un lugar a otro, una abundante cantidad de duranguenses rodeaba las calles por donde pasaba el papa, haciendo una valla enorme de personas que felizmente buscaban el saludo del sucesor de Pedro. Al llegar al Teatro lo esperaban más de tres mil empresarios de todo el país, a los cuales les dirigió un mensaje y saludo con mucho entusiasmo.

Al terminar, se dirigió a la Catedral Basílica Menor de Durango, donde ya lo esperaban fieles y miembros eclesiásticos. A los pies de la bella imagen de la Inmaculada Concepción, se encontraba Juan Pablo, sentado en la santa sede episcopal, admirando el gran número de fieles duranguenses que habían suspendido cualquier actividad para poder asistir a esta tan solemne visita.

Enseguida se trasladó a celebrar la eucaristía antes miles de fieles no solo duranguenses, sino de muchas partes de México, pues algunos habitantes de los Estados vecinos, decidieron realizar su visaje a esta ciudad para acudir a la visita del papa.

Comentan los asistentes, que este día fue uno de los días que Durango ha presentado más temperatura, pues casi se llegó a los 40 grados, pero esto no fue impedimento para la fe, pues aun con esta temperatura, había miles de asistentes que pudieron observar a Juan Pablo a unos metros de distancia.

En esta misma ceremonia, se realizó la ordenación de 82 presbíteros de todo el país, siendo 14 de ellos orgullosamente duranguenses, los cuales tuvieron el gran honor y la bendición de recibir el sacramento del sacerdocio ministerial de manos del Sumo Pontífice.

El día 9 de mayo había estado lleno de actividades para el papa, por lo que al caer la noche se trasladó al edifico del Arzobispado donde pernocto. Este bello edificio de principios del siglo XX embellecido por los trabajos de cantería del maestro Montoya, tuvo la oportunidad de albergar bajo sus techos al santo padre.

A las afueras de este bello edificio, una gran cantidad de gente estaba congregada entonando una seria de canciones que cantaban al papa, por lo que Juan Pablo II se asomó por el balcón, dio la bendición a todos los presentes y les dijo con su característica sonrisa que era momento de descansar, pero sin dejar de atender a todos los que lo llamaban e invocaban aclamando su presencia.

Al día siguiente desde muy temprano apenas y salían los rayos de luz nuevamente se comenzó a reunir una gran cantidad de gente a las afueras de este edificio, y de igual manera el santo padre salió y saludó a todos los presentes desde un balcón y también felicito a todas las madres por su día.

Después del desayuno el papa subió a su papamóvil para ser llevado al aeropuerto donde emprendió vuelo hacia Chihuahua, donde continuaría su recorrido por México, dejando un gran recuerdo y acontecimiento histórico en nuestra ciudad, un hecho que hasta hoy en día muchos de nosotros recuerdan con mucho orgullo, pues tuvieron la oportunidad de asistir a la serie de eventos que hubo con motivo de su arribo.

Hoy recordamos con mucho orgullo al papa viajero, el papa mexicano como muchos lo llamaron, que hoy ya como un santo, nos sentimos felices de que tuvo la oportunidad de conocer y transitar por las calles de esta bella ciudad y tuvo la oportunidad de conocer la bella gente de Durango, hoy a 31 años de la visita del santo padre Juan Pablo II.

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