El diablo a todas horas

Marco Antonio Olaguez Bayona

‘El diablo a todas horas’ es el cuarto largometraje de Antonio Campos, director norteamericano que en los últimos años se ha ido labrando un nombre en los círculos independientes gracias a trabajos como la interesante ‘Christine’ y la incómoda ‘Afterschool’, trabajos que, lejos de ser redondos, dejaban entrever el talento latente de Campos para retratar atmósferas enrarecidas y personajes torturados. Esperaba que su nueva película fuera su consolidación como voz a tener en cuenta en el panorama estadounidense, pero por desgracia no ha terminado de ser el caso.

‘El diablo a todas horas’ es una película sin duda ambiciosa, pero, a fin de cuentas, preocupantemente monocromática, escrita con la elegancia de un rodillo. Basada en la novela homónima de Donald Ray Pollock, nos cuenta los eventos acaecidos a lo largo de veinte años en dos pequeños pueblos del sur de Estados Unidos, eventos enraizados en la violencia y el pecado e interconectados entre sí a través de varios personajes. Los abundantes saltos cronológicos son, a ratos, toscos y embarullados, resintiendo la fluidez del resultado. Varias secuencias resultan innecesarias, especialmente cuando hablamos de un trabajo de duración tan abultada. Su gusto por la sangre y la muerte sorprenden bastante durante la primera media hora, pero con el paso de los minutos se acaba volviendo algo rutinario. Si la idea era entumecer al espectador ante la violencia, objetivo cumplido, pero no estoy muy convencido de que esa fuera la intención. El reparto actoral se contrapuntea, pues algunos tienen picos muy altos, y otros simplemente son intrascendentes.

En general, no me parece una película horrible, pero sí muy mejorable, se nota que le faltó color al guion y desarrollo a muchos de sus personajes, y a veces parece saber cuáles son los temas que quiere abordar pero no cómo abordarlos, decidiendo sustituirlos por una suerte de escenas chocantes que, acaban por ser apáticas y poco interesantes, y si a esto le sumas que es estúpidamente larga con sus casi dos horas y media de duración, nos acaba quedando un producto de evidente potencial, pero ejecución insatisfactoria. Si se animan a verla, disfrútenla.

Puedes comentar con Facebook