El Encuadre | LA MALDICIÓN DE BLY MANOR

Marco Antonio Olaguez Bayona

Mike Flanagan se ha distinguido por entregar trabajos estupendos. Y está  segunda temporada de Hill House, es tan esperada como ansiada, está desde antes de comenzar el capítulo 1, maldita por su predecesora. Porque a cada paso que de, a cada “vuelta de tuerca”, Hill House la ensombrece sin esfuerzo desde nuestra memoria, pidiendo más de lo que nunca será capaz de dar.

Su director, Mike Flanagan, es la víctima principal de la maldición, pues intenta recrear, sin éxito, cada una de las cosas que nos gustaron de Hill House, ofreciendo un sinfín de cosas que buscan sorprender y que no sorprenden, o que nos emocionemos con una sobrecarga de trasfondos emocionales de TANTOS personajes que al final resulta imposible encariñarse con ninguno realmente.

Esta serie no es una historia de fantasmas, como nos prometen en el primer capítulo. Y falla estrepitosamente en ser una historia de amor, como nos prometen que es varios capítulos después. Y sobre todas las cosas, lo que desde luego no es, es terror. Porque no da miedo, ni siquiera un susto. Nada.

Lo máximo que se le puede pedir a esta temporada es un pasatiempo algo soporífero y de diálogos repetitivos y aburridos (and she sleep, and she wake, and she walk, durante media puñetera hora). No busquéis la grandeza de Hill House, conformaos con la modesta historieta propia de una película de domingo al mediodía, y que todo lo demás sea confetti. Que la disfruten.

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