El Encuadre | Los olvidados

Marco Antonio Olaguez Bayona

Preguntarse sobre la existencia de un Dios salvador, de un ser bondadoso capaz de dar ternura y compresión. Luis Buñuel busca una explicación a una pregunta siniestra: ¿qué mundo habitamos en el que se trata a los niños como escoria? Una sociedad que no da segundas oportunidades a seres que comienzan a vivir.

La película gira en torno a dos muchachos principalmente. El primero de ellos es el líder del grupo de chicos del barrio, ocultando su búsqueda de una identidad que le sitúe en el mundo a través de chulería y violencia. El segundo de ellos, más joven que el primero, se niega a aceptar la negación del amor materno, involucrándose en diferentes altercados que le mantendrán unido a un grupo de pertenencia que le sirva de referencia a modo de “hogar”. Entre ellos se sitúa “Ojitos”, un ser absolutamente inocente y bondadoso abandonado por sus progenitores y abocado a ser devorado por las hienas que le rodean.

Como no podía ser menos, la presencia surrealista está también presente en “Los olvidados”, fundamentalmente a través de la escena de un sueño que tiene Pedro en su casa. Rodada a una velocidad algo menor, la escena es un prodigio técnico-artístico. En otra escena casi al final de la película, que obviaré para no descubrir nada, también interviene el componente surreal de una manera exquisita.

El final de “Los olvidados” es cruel, despiadado, brusco y seco. Es una puñalada en el corazón de los espectadores. Luis Buñuel es eterno por obras como ésta. Lo curioso es que si ves la cinta parece actual. Qué la disfruten.

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