El Espacio Aéreo | 50 Años de ¡¡AVÁNDAROOOO!!

Texto: Ricardo Ramos Navarro / periodicovictoria@fuerzaerea.com

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Este fin de semana, se cumplieron 50 años del mítico y multitudinario  FESTIVAL DE ROCK Y RUEDAS DE AVÁNDARO realizado en Valle de Bravo, Estado de México. Fue un 11 de septiembre de 1971, cuando un grupo de jóvenes conformados por Armando Molina, Eduardo López Negrete, Luis de Llano Macedo y Justino Compeán, se encargaron de organizar lo que originalmente iba a ser una carrera de automóviles que tendría música para amenizar a los espectadores, pero que finalmente se convirtió en el festival de rock más importante que jamás se haya realizado en nuestro país.

A pesar de la enorme represión de la época por parte del gobierno mexicano, y luego de los sangrientos sucesos del 2 de octubre de 1968, y el 10 de junio de 1971, en los que perdieron la vida un gran número de estudiantes, Avándaro Valle de Bravo en el Estado de México, se convirtió en el lugar perfecto para la congregación de  aproximadamente 300,000 jóvenes, que como una expresión de libertad y fraternidad, acamparon y disfrutaron del máximo festival del rock mexicano.

Debido a que los organizadores no esperaban tal congregación multitudinaria, el FESTIVAL DE AVÁNDARO comenzó entre el desconcierto y la improvisación, ya que un grupo de espontáneos montaron la ópera rock “Tommy” para entretener a los asistentes, en lo que éste iniciaba formalmente. Asimismo, algunos grupos que se encontraban entre el público como Soul Masters, Stone Facade, Zafiro, y La Ley de Herodes, subieron igualmente al escenario para amenizar a la gente.

Posteriormente, fueron apareciendo las distintas bandas programadas para el festival, que en ese entonces conformaban un movimiento conocido como “La “Onda Chicana.” El festival comenzó con los duranguenses Dug Dugs liderados por Armando Nava, y que gozaban de gran éxito en aquella época. Posteriormente, se presentaron Epílogo, La División del Norte, Tequila con Maricela Durazo, Peace and Love, El Ritual, Bandido, Los Yaki con Mayita Campos, El Amor, Tinta Blanca, y para cerrar, durante el amanecer del domingo 12 de septiembre, Three Souls in my Mind, que actualmente conocemos como el legendario e incansable Tri de Alex Lora.

Los grandes ausentes del festival fueron Love Army (que no pudieron llegar por el mismo caos vial ocasionado por el festival), Javier Bátiz (que los organizadores no le habían llegado al precio, y cuando quiso llegar improvisadamente justo el día del evento, ya no pudo hacerlo igualmente por la gran cantidad de gente), La Revolución de Emiliano Zapata (que ya tenían confirmada esa fecha para otra presentación), así como los regiomontanos La Tribu.

De acuerdo a distintas crónicas, y documentación escrita y audiovisual del Festival de Avándaro, hubo varios momentos clave durante el desarrollo del mismo, como la euforia desatada con la apertura de los Dug Dugs, la entrega total y los multitudinarios coros durante la interpretación de rolas como “Mari Mariguana”, y “We got the power / Tenemos el poder”, de Peace and Love de Ricardo Ochoa, la buena vibra y energía de Sergio “Queco” Figueroa de Tinta Blanca mientras cantaba la rola que se convirtió en el himno del festival “Salmo # 7 (Avándaro)”, y por supuesto, la ya mítica “Encuerada de Avándaro”, la regiomontana Alma Rosa González López, quien mientras terminaba de tocar Epílogo, y durante la presentación de La División del Norte, atrajo los reflectores y la mirada colectiva mientras bailaba desnuda sobre el techo de un camión de mudanza.

De esta manera, y no obstante la desorganización, el descontrol, las fallas técnicas, y la posterior satanización del evento por parte del gobierno y la prensa nacional, el FESTIVAL DE AVÁNDARO quedó plasmado como el suceso más importante dentro de la historia del rock mexicano. Avándaro fue un grito de libertad, fue una expresión de amor y paz, y un acto que simbolizó la fuerza contestataria de la juventud de aquella época. Indudablemente, la historia de nuestro rock se divide en antes y después de AVÁNDARO, pues a 50 años de distancia, el Festival de Rock y Ruedas, sigue siendo el espíritu del rock mexicano.

Cambio y Fuera.

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