El legado de Juárez en Durango

Oscar Luna

A un aniversario más del natalicio de Benito Pablo Juárez García, quien nació el 21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao Oaxaca, desde joven se interesó por las cuestiones juristas, y esto le permitió en 1858 ser el primer indígena en dirigir el país de México.

Uno de los hombres más distinguidos y reconocidos que tenemos en el país, pues a lo largo de todo el territorio nacional, existen calles, escuelas, monumentos entre otra serie de cosas dedicados a Benito Juárez, y Durango no es la excepción de esto. El día de hoy me gustaría platicarles acerca del legado que existe de este hombre en nuestra ciudad de Durango.

La primera vez que llega el nombre de Juárez a esta ciudad es en 1872 después de su muerte, cuando alumnos y catedráticos del entonces Colegio Civil solicitan al gobierno del Estado, cambiar el nombre de este, por Instituto Juárez en honor al recién fallecido benemérito de las Américas, y es así como desde 1872 toma este nombre. En 1957 eleva su categoría este Instituto a Universidad, pero con este cambio aún conservo el nombre de Juárez, pues hasta la actualidad se le conoce como la universidad Juárez del Estado de Durango.

Como mencionamos en el artículo pasado, cuando Benito visito la ciudad a mediados del siglo XIX y que opto por no hacer su entrada triunfal por la calle de Constitución y decide hacerla por la calle de Teresas, con esta acción logra que años después a la entonces calle de Teresas se le cambie su nomenclatura a calle “Benito Juárez” como hasta hoy la conocemos. En su paso por esta ciudad, se hospedo en el Palacio de Gobierno, en este lugar durmió algunos días.

Con motivo de esto ya en el siglo XX se colocó una estatua y un mural dedicado a él en las escaleras principales de este palacio. Hoy en día aún podemos ver estos imponentes en las escaleras, también en esa ocasión visito el Teatro Coliseo hoy Teatro Victoria y en este lugar se entonó por primera vez en todo México el Himno a Juárez.

En 1906 con motivo del centenario del natalicio de Benito, el entonces presidente de México Porfirio Díaz, decide hacer una serie de homenajes en su honor, y es así como solicita que en todos los Estados se coloque un busto en su honor. De esta manera se inaugura en la ciudad de Durango su busto en el entonces Jardín Analco, que hoy en día ya toma el nombre de Jardín Juárez en el antiguo barrio de Analco.

También con motivo de su aniversario del natalicio en 1906, se develo una estatua dedicada a él, ubicada en el paseo de las Alamedas, el cual permaneció imponente en este lugar por muchas décadas, pero el 24 de noviembre de 1954 fue derribada por manos criminales y lamentablemente quedo muy dañada.

Esta fue recogida por los estudiantes y autoridades del Instituto Juárez y fueron los encargados de mandarla restaurar, para volver a ser colocada e inaugurada en 1955. Años después, en 1958 se realiza la primera guardia de honor por autoridades del Instituto Juárez, como símbolo de protección, como lo hicieron en 1954 cuando se cometió la atrocidad de este acto. Mismas guardias se siguen realizando hasta la actualidad cada 21 de marzo.

En el año de 1963 con motivo del IV centenario de fundación de esta ciudad, se inauguró la Plaza que tomaría este mismo nombre y sustituía el antiguo Jardín Victoria, frente al Palacio de Gobierno, en esta plaza cívica se colocó una gran piedra de cantera conmemorativa a la inauguración de dicha plaza. Pero en el año de 1972 por instrucciones del ingeniero Páez Urquidi, entonces gobernador de Durango, se decide hacer modificaciones a esta plaza, y manda colocar en este amplio espacio un monumento de “Juárez y el estudiante”.

Realizado en los talleres de la Escuela de Pintura, Escultura y Artesanías, bajo la dirección artística del maestro Francisco Montoya de la Cruz. Mismo monumento hasta la actualidad lo podemos encontrar imponente en esta plaza.

Estos son solo uno de tantos ejemplos sobre el legado que existe en Durango de este gran hombre, del Benemérito de la Américas un hombre que, a pesar de no ser duranguense lo hemos acogido como un habitante más de nuestra tierra, porque reconocemos su esfuerzo y dedicación que realizo en vida, mismas acciones que hasta la fecha repercuten en nuestras vidas.

Espero la próxima vez que escuchen el nombre de Benito Juárez, recuerden todo su gran legado que existe en nuestra ciudad en su honor y podamos sentidos orgullosos de que su nombre persista en nuestra ciudad.

 

 

 

 

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