El tiempo es su camino | El filtro de la Historia

Por Miguel Angel Burciaga Diaz 

La música académica tiene la ventaja que, al remontarse hasta hace más de ocho siglos, la historia y el cambio constante del modo de estudiar cada una de sus etapas han logrado definir cuáles son las obras o compositores más relevantes, lo que nos permite como oyentes e incluso como intérpretes tener una guía clara de como acercarse a la música de cada época.

Naturalmente este proceso de canonización de repertorio y autores a lo largo de la historia es objeto de diversas críticas pertinentes, ya que no siempre existieron en los estudios estéticos el rigor científico y la ética por la objetividad que se pretenden hoy en el campo de los estudios musicológicos. Esto ha derivado en omisiones y ocultamientos de compositores y piezas musicales que han tardado en cobrar importancia e interés, así como autores o composiciones que se les ha dado una posición de privilegio respecto a otros que pudieran ser de mayor relevancia.

Obviamente esta selección no parte de un juicio de valor simplista entre decir esto es bueno y esto malo, o esto gusta y esto no, sino que son la resultante de factores que combinan las tendencias de las audiencias, los mercados culturales, las instituciones culturales, los círculos académicos, políticos u económicos a los que pertenecieron determinados compositores, los mecanismos de difusión, la relevancia de los intérpretes que se interesaron por las obras, la ubicación geográfica, la importancia del contexto socioeconómico en que se escribieron, etc.

Aún así, en líneas generales, se tiene una noción muy clara del repertorio y cómo acercarse a él, especialmente de la música que se ubica entre el Barroco y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, de modo que cualquier oyente, una vez que decide empezar a acercarse a la música académica tiene una gran probabilidad que al buscar música de esos períodos, ya sea en grabaciones o en presentaciones en vivo, coincida con algunas de las obras o compositores que han superado este filtro histórico, lo que implica que  escucha algo que ha garantizado por muchos medios la calidad de su contenido y la efectividad que tienen para mover afectiva e intelectualmente a la audiencia.

Si bien esto es una ventaja de la música académica respecto de otras músicas, los oyentes e intérpretes se han acostumbrado a esperar esta resolución histórica antes de acercarse a determinadas obras, lo cual ha sido una de las grandes desventajas respecto a la difusión y ejecución de la música contemporánea.

Como lo vine mencionando en artículos recientes, la creación musical en el ámbito académico actualmente es abundante, más allá que en la audiencia se conserve una falsa percepción de que fue algo que se detuvo en el tiempo. El problema es que justamente la música contemporánea no ha pasado aún por esta especie de selección natural impuesta por la historia y obviamente, si bien las audiencias actuales podrán determinar la permanencia a futuro de las obras creadas en las últimas décadas, no representan todavía la última palabra de lo que será relevante de nuestro tiempo para las generaciones posteriores.

Más allá de los problemas de la complejidad de lenguaje que suelen presentar las obras de vanguardia, de los que he hablado en semanas pasadas, así como la falta de difusión del nuevo repertorio, el público y los intérpretes tienden a sentir temor para acercarse a este y aunque no pareciera algo relevante, el sentir interés o moverse afectivamente por alguna obra o compositor que aún no ha tenido el respaldo de las autoridades en la materia o del que se sabe poco, como puede pasar en los estrenos de obras, pone a la gente en una posición de incertidumbre y desánimo para acercarse al nuevo repertorio.

Si bien, gran parte de las obras y algunos autores de la segunda mitad del siglo XX han comenzado a canonizarse y convertirse en repertorios más asiduos en las salas de concierto o en el acervo de grabaciones de fácil acceso, aún se encuentran en una distancia temporal reciente y esto ha complicado que el público se aproxime a ellos, porque naturalmente ahora son objeto de discusiones apasionadas sobre la valoración y reconocimiento de tal repertorio. Si esta es la situación de ellos, imagínense el estado actual que enfrentan los compositores de lo que va del siglo XXI.

Son muy pocas las sociedades en el mundo que muestran apertura a los nuevos repertorios, de hecho, aún en ciudades que son grandes referentes universales como centros culturales, la aversión a la novedad es algo común, sin contar el inmenso número de comunidades, como la nuestra, donde ni siquiera a comenzado la labor de difusión de la música de vanguardia.

A nuestro tiempo se suma la problemática que en otras épocas no existía el concepto de repertorio, al menos no del modo tan riguroso y amplio de hoy en día, por lo que era común que las sociedades consumieran la música de su propio tiempo. En el contexto actual, con 800 años de música como legado, es una gran prioridad para el público acercarse a todo este gigantesco mundo que implica la historia de la música de tradición escrita.

Por otra parte, los intérpretes y me incluyo en esta crítica, solemos ser poco abiertos al estudio y difusión de nuevas obras y autores. Aunque a veces este gesto se puede tomar como mera displicencia, hay que entender que una obra de calidad suele ser difícil y para nosotros demanda una gran cantidad de esfuerzo y tiempo de estudio, por lo que optar por el repertorio conocido es una apuesta segura y que de lograr buenas interpretaciones sabremos que tendrán éxito en la audiencia, mientras que las obras nuevas suelen generarnos incertidumbre en la resultante de nuestro trabajo.

Más allá de esta problemática, de a poco debemos ir cambiando nuestra percepción del mundo de la música contemporánea, modestamente a través de estas reflexiones, espero que pueda influirlos a ustedes como oyentes a que tomen un poco de confianza para que paulatinamente vayan conociendo este nuevo mundo sonoro, que no es otra cosa que la música que representa y expresa nuestro propio tiempo y el acontecer de nuestras vidas reales.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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