El tiempo es su camino | El padre de todos

Por Miguel Angel Burciaga Díaz

Ahora que viene el día del padre, decidí dejar a un lado la tragedia de narrar lo que fuera la Primera Guerra Mundial y su repercusión en la música, prefiriendo escribir sobre algo más alegre: las razones por las que el público y los músicos suelen llamar a Johann Sebastian Bach el padre de la música, el padre de los músicos o simplemente papá Bach.

La historia se remonta a que estudios antiguos de musicología consideraban que la música de práctica tradicional se origina en Bach, estas afirmaciones eran típicas de la academia alemana, que era tal vez la más influyente en la formación musical de aquellas generaciones. Aunque se admiraban obras de otros autores contemporáneos a él, como Händel, Telemann o Vivaldi, los estudiosos consideraban que Bach era el que en realidad marcaba claramente un comienzo de lo que sería la manera moderna de hacer y concebir la música académica.

Por otra parte, esta tradición pugnaba por la visión estética que aspira a lo que se llama música pura o absoluta, lo cual naturalmente se apreciaba más en la música de Bach que en la de sus contemporáneos, especialmente porque gran parte de su música fue hecha sin necesidad de que correspondiera a encargos de sus mecenas, sino por voluntad del propio compositor, además de que estas obras no hacen referencia a ningún elemento extramusical específico, sino que se expresan y validan desde el contenido mismo de la construcción musical.

A pesar de que algunas personas de escuelas de antaño aún sostienen esta visión, la musicología hace casi un siglo que descartó a Bach como padre fundador de la música, especialmente con todos los avances y descubrimientos que se hicieron de la música occidental de la era Medieval o el Renacimiento, donde existen creaciones musicales de gran valor y compositores de notable talento. Además de que, dentro del barroco que se extendió por más de dos siglos, Bach corresponde a la última generación de compositores y él mismo desarrolló su técnica y estilo aprendiendo no solo de compositores pasados, sino incluso de sus propios contemporáneos como era el caso de Vivaldi.

Sin embargo, esta rectificación académica no restó para nada el hecho de que una enormidad de músicos nos seguimos refiriendo a él como el padre de la música y demás apócopes cariñosas similares. Esto no es porque seamos negacionistas de todo ese impresionante universo musical previo y contemporáneo a Bach, sino porque se puede aseverar que Bach es el compositor, que digo compositor, el músico más influyente de todos los tiempos, no solo por lo que se puede obtener en los análisis de compositores de las generaciones posteriores, sino porque es casi imposible no encontrar una referencia de admiración y aceptación de su influencia en los creadores musicales más importantes de los últimos tres siglos.

Haciendo un poco de recorrido histórico sobre este reconocimiento, es curioso mencionar que los hijos de Bach, los de verdad y no el resto que le dice papá, no se sentían muy orgullosos de la música de su padre, ya que la consideraban anticuada y siendo ellos precursores de los estilos modernos de aquél entonces enseñaban tratando de evitar lo más posible hacer alusión a la obra de su progenitor.

Mozart, siendo alumno de un par de los hijos de Bach, ignoraría durante casi toda su vida la música de Johann Sebastian Bach y cuando por casualidad llegaron algunas partituras del genio a sus manos, se lamentó de no haber conocido a ese hombre antes y cambió radicalmente muchos aspectos de su estilo musical como se aprecian en algunas de sus últimas obras como es el caso del Adagio y Fuga en Do menor o el Requiem. Con esto Mozart iniciaría una genealogía inmensurable de admiración por el compositor, que necesitaría un artículo para explicar cómo influyó a cada músico importante, pero al menos haré un pequeño recuento de anécdotas sobre esta veneración histórica.

Por ejemplo, es bien conocido que Beethoven nunca tuvo una estabilidad económica como para envidiarse, aun así, cuando le llegó un pedido para apoyar la realización de la primera edición de imprenta del Clave Bien Temperado de Bach, cuentan que ni siquiera lo pensó, sacó todo el dinero que tenía en un cajón y se los dio a los responsables del proyecto, feliz de que se impulsara la obra de Bach.

Después la nueva generación de románticos narra que hacían copias manuscritas de todo lo que podían de Bach y siempre las tenían en los atriles de sus pianos como referencia para sus composiciones como lo diría Schumann, Chopin o Liszt, del que la leyenda cuenta que podía tocar todos los preludios y fugas de Bach en cualquier tonalidad. Más sorprendió en esta generación la figura de Mendelssohn, quien rescataría muchísima música de Bach desconocida y hasta dirigiría por primera vez en siglos la Pasión Según San Mateo.

Los músicos modernos siempre admiraron a Bach a pesar de sus rupturas estilísticas, bien decía Debussy que “cuando de componer se trataba, había que prender una veladora para pedirle ayuda al santo patrón Johann Sebastian Bach”.

Las vanguardias más radicales que rechazaron todo lazo con la tradición decían abiertamente que “odiaban todo lo previo a ellos, EXCEPTO BACH” y que era lo único que les gustaba escuchar de las épocas previas, además de que era una fuente invaluable de aprendizaje para el ejercicio de la composición.

Aún en las ridículas tendencias que pretendían separar a los músicos académicos de los populares, varias de las luminarias más célebres del jazz, el rock o el pop, se tomaban la atribución de juzgar la música académica, pero reconocer que amaban a Bach.

Será por su modo tan perfecto de construir, por sus miles de obras, porque todos aprendemos con su música, porque tiene música para todas las familias de músicos, porque es un genio, porque lo escuchan todos, porque nunca se agota, porque cada vez suena mejor, seguro que porque es el más grande, todos queremos a Bach y tiene sentido que los músicos lo consideremos el padre de nuestro bello arte.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

 

 

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