El tiempo es su camino | Realeza vs Realidad XIV: El gran desastre

Por Miguel Angel Burciaga Díaz

Como vimos en el artículo anterior, las dos décadas posteriores al fin de la Primera Guerra Mundial fueron bastante novedosas y productivas en cuanto a las corrientes estéticas que aparecieron en las artes, cabe aclarar, que, si bien de ellas se pueden destacar nombres de talentosos compositores y obras de gran calidad, esto se dio en un contexto político y económico bastante turbulento, el cual era una consecuencia lógica después de la magnitud de tal conflicto bélico.

Países como Francia o Inglaterra, pasaron por un complejo proceso de reconstrucción, que hizo aumentar las condiciones de marginación en grandes sectores de su población debido a la gran cantidad de muertos y lesionados que redujeron las fuerzas laborales de su nación, a eso habría que sumar que la devastación económica de la guerra fue tal, que aparte de complicar el manejo de todo su desarrollo comercial alcanzado durante la paz armada, redujo la cantidad de recursos de consumo y además impidió que se pudieran saldar las remuneraciones  correspondientes a tanto soldado que peleó en tan cruento conflicto, lo cual aumentó el descontento de la población con sus gobiernos y la incertidumbre para sobrellevar la vida en esos tiempos.

Incluso Estados Unidos, que no fue afectado en propio territorio por el conflicto, padeció la severa crisis económica de 1929 conocida como la gran depresión, sumando una situación más conflictiva para el mundo de aquel entonces. Del otro lado del planeta, la nueva Unión Soviética también estaba en una situación complicada, en parte por la destrucción que representó su participación en la Gran Guerra y su experiencia con la revolución que derrocó a los zares del poder, de tal manera que su nuevo sistema productivo estaba muy lejos de dar resultados a corto plazo y el clima de descontento e incertidumbre en un territorio de esas dimensiones, solo complicaban más las cosas.

Como ven, el final de la guerra no fue nada benéfico para los “vencedores” de modo que podrán imaginar que los derrotados estaban en una situación mucho peor. Aunque Italia, al final de la guerra se separó de Alemania como aliado y se sumó al otro frente, las consecuencias fueron muy malas para ese territorio, generando un clima político tan desafortunado que abriría paso a un sistema de gobierno brutal y totalitario conocido como fascismo.

Alemania, por su parte, quien pagó los platos rotos de la guerra, siguió un camino igual o peor que el de Italia, donde la destrucción de los vestigios del antiguo imperio y también de la nueva y débil república quedó a cargo de uno de los personajes más siniestros del siglo XX, Adolf Hitler, quien tomaría el poder de Alemania a través de un régimen totalitario conocido como nazismo y a partir de eso emprendería una carrera violenta y forzada por la reconstrucción del aparato militar teutón con el fin de recuperar las viejas aspiraciones expansionistas.

Los gobiernos fascistas aniquilaron las expresiones culturales dentro de los territorios de Alemania o Italia, difícilmente encontrarán en la década de los 30’s el impulso de las nuevas vanguardias que se mencionaron en el artículo anterior, es común observar que la mayoría de los compositores del período de entreguerras huían de esos territorios, dejaban de componer o en el mejor de los casos producían obras que se presentaban casi en total clandestinidad.

Si bien, en el resto del continente no se prohibía el desarrollo de las nuevas corrientes artísticas, era imposible sostener los foros y la infraestructura de épocas anteriores, limitándose a expresiones de dimensiones y alcances mucho más modestos.

En este clima de incertidumbre, los gobiernos fascistas retomaron una violenta sed de imperialismo y avanzaron contra los territorios vecinos, dando lugar en 1939 al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que hasta el día de hoy está considerada como la guerra más sangrienta de toda la historia, la cual se estima que le dio muerte a cerca de 70 millones de víctimas directas del conflicto.

Los horrores de esta guerra paralizaron al mundo durante los seis años que duraron las hostilidades y a pesar de que el fin de la guerra implicó la destrucción de los regímenes fascistas y sus líderes, la realidad del mundo Occidental cambió para siempre, sin la posibilidad de contemplar un posible retorno a un estadio anterior.

Después de la guerra, los artistas en general se decepcionaron de toda la cultura precedente y dedicaron sus esfuerzos creativos a generar nuevos discursos y propuestas que estuvieran lo más distantes posibles de cualquier tradición anterior.

La música no fue la excepción, la nueva generación de compositores no quería saber nada de las viejas tradiciones, como lo eran principalmente el sistema tonal o la composición en base a las formas que dominaron Europa por casi tres siglos. Las corrientes y propuestas para estos nuevos caminos fueron mucho mayores que cualquier otra época precedente, había un esfuerzo notable por ser más inclusivo con las voces y propuestas de los jóvenes compositores, así como una gran decepción ante el horror al que pudo llegar el mundo.

Desde entonces, este ha sido el espíritu ideológico que gobierna en general la música que se compone dentro del ámbito académico. En retrospectiva, el público suele cuestionar si las medidas tan extremas que siguieron estos compositores eran necesarias al punto de someter a tal condenación a todo el arte precedente. Si bien actualmente, se valora y se consume el arte histórico de cualquier época, no se puede negar que después de lo que se vivió en esos seis años es muy difícil retornar a crear la música como se hacía en un mundo que desapareció para siempre.

La música contemporánea, tal vez no tenga la aceptación de la música de épocas anteriores, pero es certera en afirmar que esa Segunda Guerra fue un parteaguas histórico, que, aunque indeseable, cambió para siempre el curso de la humanidad.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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