El tiempo es su camino | Una luna tenebrosa

Por Miguel Angel Burciaga Diaz

“Si fueran musicales, nadie se fijaría en las palabras. En lugar de criticar los textos se hubieran ido silbando melodías”, sería la célebre respuesta de Arnold Schoenberg ante aquellos que criticaron como blasfemos y vulgares los 21 poemas que empleó para componer su obra “Pierrot Lunaire”, la cual recién se había estrenado en Berlín la noche del 16 de octubre de 1912.

Según su alumno Anton Webern, quien sería también uno de los más talentosos compositores del siglo XX, el público de aquella noche se dividió en tres partes, los que se reían a carcajadas, los que rechiflaban y otros que consideraron que la obra era un éxito, aunque austero.

Los poemas que utilizó Schoenberg para esta obra, escritos por el belga Albert Giraud y traducidos al alemán por Otto Erich, armaron un gran escándalo porque trataban abiertamente temas eróticos, violentos o criminales, además de algunos que son duramente críticos con la religión o la política. Sin embargo, volviendo al comentario de Schoenberg, el problema no era que les molestara el contenido de los poemas, sino que los entendieron claramente al momento de ser expresados por la voz de la cantante, porque la música favorecía el entendimiento de las palabras sin tergiversaciones del texto ni confusiones con la pronunciación. Cabe agregar que parte del gran alboroto que se armó en torno a esta obra fue que la música creada para expresar estos poemas era de por sí escandalosa para los oídos de aquella época.

En principio, un ensamble poco convencional conformado por un quinteto de Flauta, Clarinete, Violín, Violoncello y Piano, donde a veces flauta, clarinete y violín son reemplazados por piccolo, clarinete bajo y viola, respectivamente. Durante la obra los instrumentos no tocan juntos todo el tiempo, salvo en pocas ocasiones, lo cual era totalmente extraño en un ensamble de cámara y además el modo en el que se expresa cada instrumento nunca termina de dejar claro hasta qué punto son solistas y hasta qué punto acompañan el canto.

La voz cantante, aunque no está aclarada en partitura, se entiende que por el color debe ser cantada por una mujer, pero el problema no es ese, sino que el protagonista de los poemas es un hombre y que además la técnica de canto no era nada convencional en la música académica, ya que Schoenberg recurrió al sprechstimme, un estilo de canto donde, aunque se cantan afinadas las notas, en realidad se recitan y se prescinde de la técnica tradicional del canto lírico. El color de este estilo es sombrío y oscila entre aires de sarcasmo y misterio, que además están derivados de técnicas utilizadas en el arte de cabaret, al cual el compositor recurrió para expresar diversos gestos musicales.

La música es totalmente atonal, lo cual para entonces aún era prácticamente desconocido, considerando que en Europa casi ningún compositor había creado obras totalmente atonales, si bien ya existían obras con muchas disonancias y armonías extrañas, solo los compositores de la Escuela de Viena, de la cual Schoenberg era el más relevante, habían comenzado a experimentar con obras sin ninguna atadura a la tonalidad y en general se trataban de piezas breves para piano que no eran conocidas por el gran público.

Con estos antecedentes se podría decir que el “Pierrot Lunaire” fue una obra trasgresora y revolucionaria desde el ángulo que se lo vea y efectivamente su aceptación por parte del público tardaría varias décadas, hasta convertirse hasta el día de hoy en una de los obras más emblemáticas e importantes de la música del siglo XX, tanto que cada vez que se usa este tipo de quinteto para alguna obra se lo suele denominar como “Quinteto Pierrot”.

Aún para nuestros días no es una obra fácil de escuchar, en cuanto a la apreciación emocional, difícilmente puedan sentir algún tipo de afecto o sensación de placer, ya que el clima de la obra suele oscilar entre lo siniestro y lo sarcástico, efectos que, aunque son comunes de apreciar en el cine y otras artes visuales, no son tan frecuentes en la música y menos cuando una obra dura casi 40 minutos. No hay melodías reconocibles, ni momentos que se recuerden una vez que se la escucha, solo una sensación invasiva en lo emocional e intelectual ante la confrontación de las 21 escenas que rodean a este macabro Pierrot que dista mucho del personaje bucólico y travieso de la tradicional Comedia del Arte.

Por otra parte, para los intérpretes el desafío no es nada sencillo, tan solo para la versión de estreno, requirieron más de 40 ensayos todos bajo la supervisión del compositor, hoy en día, un ensamble profesional tarda de seis meses a un año en ensamblar esta obra.

Esta obra cambió radicalmente la historia de la música y eso no lo pusieron en duda ni los críticos más brutales de aquel entonces, por lo que les recomiendo que para adentrarse por primera vez a la nueva música, aquella que desafía todos nuestros hábitos y percepciones del arte sonoro, el “Pierrot Lunaire” de Arnold Schoenberg es una opción ideal, no será una tarea fácil para la primera impresión si es que nunca frecuentaron lenguajes modernos, pero una vez que la escuchen con atención se darán cuenta no solo de la genialidad de la obra, sino del mundo infinito de posibilidades que está más allá de la música convencional. Para finalizar recomiendo escuchar la obra conociendo o leyendo simultáneamente la traducción al español de los poemas, ya que la música se inscribe con maestría en el contenido de estos. Los textos son fáciles de encontrar en internet, basta mencionarlos en el buscador de su preferencia con el nombre de la obra de Schoenberg y encontrarán diversas opciones.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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