El tiempo es su camino | Una transformación dolorosa

Por Miguel Angel Burciaga Díaz

A comienzos de 1945, en los momentos donde la guerra terminaba y Europa estaba reducida a añicos, Richard Strauss compuso una obra como epitafio al fin de una cultura, al respecto escribió una vez acabada la guerra: “El período más terrible de la historia humana se ha terminado, el reinado de doce años de bestialidad, ignorancia y destrucción de la cultura por parte de los mayores criminales, durante el cual los dos mil años de la evolución cultural de Alemania llegaron a su fin”.

La obra se llamó Metamorphosen (Metamorfosis en español) para 23 instrumentistas de cuerda, fue la última escrita por el compositor, que murió al poco tiempo de terminarla.

Strauss (no confundir con la familia de los compositores austríacos de valses), es uno de los compositores más brillantes del posromanticismo y modernismo alemán, gracias a sus grandes poemas sinfónicos y óperas nos podemos dar cuenta de que su música siempre es compleja e imponente, pero se compensa con una gran belleza y emotividad.

Strauss amaba apasionadamente la cultura alemana en todas sus expresiones, estudió a fondo a cada uno de los principales compositores y los promovía y admiraba con gran ahínco. Sin embargo, después de haber trabajado arduamente en sus obras geniales, poco después de cumplir los 60 años, viviría el período más oscuro de la historia de Alemania: el régimen Nazi. Strauss odiaba al régimen, pero el Partido Nazi lo reconocía por su trayectoria y patriotismo, al punto de nombrarlo Presidente de la Cámara de Música del III Reich, sin embargo, cuando le pidieron que autorizara la prohibición de autores judíos como Mendelssohn o Mahler, quien había sido su amigo y colega, dimitió al cargo. A pesar de ello, el Reich lo respetaba, pero el dejó de componer durante los casi 20 años que duró este gobierno de terror, incluidos los de la guerra. Se limitó a crear himnos oficiales y acataba las órdenes, lo cual hacía por temor a la dictadura y también para proteger a diversos parientes y amigos que eran judíos, como su nuera Alice o el célebre escritor Stefan Zweig, gran amigo del compositor.

Con 81 años y Alemania en ruinas, escribió esta dramática obra donde coincide el fin de la vida de Strauss con el de la gran tradición musical alemana. Para él era muy doloroso el proceso de destrucción de tan importante legado, sin embargo, la obra es como una profunda oración de paz, de nostalgia por la grandeza de las generaciones musicales de antaño e incertidumbre por lo que vendrá después de ello. En esta obra lúgubre, Strauss lamenta la pérdida de tantas vidas y la devastación de la guerra, aunque hace acento principalmente en la destrucción de una gran cultura.

La obra tiene 4 temas principales, uno de ellos está tomado de la Marcha Fúnebre de la Sinfonía No. 3 “Eroica” de Beethoven. Al final de la obra, se puede escuchar el comienzo textual de dicha Marcha Fúnebre en los contrabajos y cellos, sobre tal motivo Strauss escribió en la partitura: “IN MEMORIAM – GARMISCH, 12 DE ABRIL DE 1945”, como un epitafio a la desaparición de la gran tradición musical de su nación.

Strauss no habló mucho de los detalles de la obra, sobre el origen del título se tienen dos versiones, la primera es que lo toma de un poema de Goethe de la colección Zahme Xeine, el cual reflexiona sobre un mundo cambiante que no se puede detener y donde alguien que vivió en el pasado prefiere no entenderlo y resignarse a vivir en él. La segunda teoría, hace referencia a que el resurgimiento dramático de Alemania sería un proceso doloroso y sin retorno a la gloria de su pasado cultural.

La construcción de la obra es bastante peculiar, está escrita para 23 instrumentistas de cuerdas, pero a diferencia de las obras para orquesta de cuerda, donde cada una de las cinco secciones toca una línea musical, en esta pieza cada músico interpreta su propia parte, de modo que se podría decir que tiene 23 voces. Se cree que pudo tomar como modelo el Concerto de Brandemburgo No. 3 de Bach que divide la orquesta en 10 voces, lejos de las 5 convencionales.

La obra es un gran movimiento continuo, con paulatinos cambios de carácter, pero no está dividida en secciones. La importancia de esta obra para la historia del arte es muy significativa, sobre todo como un epílogo de la tradición musical que imperó en occidente por más de tres siglos y como un temeroso preludio a los radicales cambios que acompañarían al arte de la posguerra y cuyos elementos estéticos siguen imperando hoy en los círculos académicos de lo que conocemos como arte contemporáneo.

Como intermedio, antes de escribir los artículos finales de la serie “Realeza vs Realidad” les recomiendo que escuchen esta obra, a pesar de su profunda tristeza, la experiencia estética y sentimental es única, por lo que vale la pena que dediquen poco más de 20 minutos de su tiempo a apreciar esta magnífica pieza donde Strauss no solo expresó su propio sentir, sino el de miles de personas que creyeron que el mundo había terminado con tan monstruoso conflicto.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

 

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