Las encantadoras máscaras en la noche

Por Miguel Angel Burciaga Díaz

La vida bohemia de París a fines del siglo XIX era mágica, las noches eran maravillosas mientras se pasaba el tiempo en los cafés, los teatros y las exposiciones, degustando un buen vino o un elegante platillo. La bella ciudad de las luces se iluminaba y se abría de brazos a los debates, fantasías y esfuerzos creativos de los jóvenes artistas que querían cambiar el mundo.

Por un lado, esos pintores que despectivamente llamaron impresionistas, por decir que su obra era tan cruda como la tinta de una máquina de imprenta, y por otro los fabulosos poetas con sus sutiles fantasías y descripciones de la belleza y la vida a través de metáforas elevadas, que daría origen a una estética conocida como Simbolismo.

De la mano de figuras como Paul Verlaine o Stéphano Mallarmé, estos poetas lideraban un prestigioso grupo de intelectuales, donde tenían infiltrado un talentoso músico. Este joven, había probado su destreza compositiva ganando diversos premios, y a pesar de que con ello tenía un futuro asegurado, su única intención era cambiar radicalmente el modo de hacer música, tanto que hoy lo consideran el primer vanguardista del siglo XX, me refiero a ese joven regordete amante del vino y de discusiones acaloradas: Claude Debussy.

En el medio de las innovaciones en la poesía, Debussy quería encontrar una ruta que le diera herramientas suficientes para cambiar el modo de hacer música. Ya en varias piezas para piano había demostrado sus intenciones de usar formas más libres, y un modo de plantear los acordes donde más que por las rigurosas reglas de la armonía, eran elegidos por el color que producían, con el fin de que la música fuera más evocadora y menos abstracta.

Siendo un amigo muy cercano a Verlaine, Debussy tomo inspiración de la obra llamada “fétes galantes”, que hacen alusión a los encuentros amorosos de un par de personajes del mundo de la Comedia del Arte, evocando la magia de las épocas de antaño.

Tomando las metáforas y remembranzas de esos poemas, Debussy compone una de sus obras más célebres y exquisitas para piano, la “Suite Bergamasque” que toma ese nombre de los poemas de Verlaine haciendo alusión a las máscaras de la Comedia del Arte en Bérgamo, Italia, uno de los lugares donde ésta práctica era muy característica.

Debussy compuso esta obra en 1890 y la dio a conocer a su círculo, aunque no la publicó hasta 1905, porque desconfiaba de la calidad de la obra, creyendo que era un mero experimento de juventud que no tenía el sustento de otras obras que compondría en esos años.

La obra consta de cuatro piezas, la primera de ellas es un “Preludio (Prelude)” que alude a la antigua forma barroca del preludio, solo que coloreado con armonías preciosas que transmiten un contenido sentimental hermoso y nostálgico, acompañado de una majestuosidad y solemnidad que rememoran la elegancia de la época de los Luises.

El “Menuet” es la segunda pieza, y como composición tal vez la mas interesante de la suite, ya que se estructura de diversos fragmentos que en apariencia no están vinculados musicalmente, pero que en la manera que se suceden nos cuentan una historia con claridad que oscila entre la picardía, la nostalgia, el amor y el dramatismo. Pocas veces respeta en la obra Debussy los pies rítmicos tradicionales del menuet y sin embargo no pierde la gracia dancística del mismo, dándole un alto grado de sutileza. Esta técnica de fragmentos no relacionados entre sí, sería uno de los grandes aportes de las vanguardias de Debussy, conocida como yuxtaposición de frases, y sería uno de los elementos que romperían radicalmente los cánones tradicionales de la música.

La tercera pieza llamada originalmente “paseo sentimental”, es hasta el día de hoy la pieza de piano más famosa de todas las que creó Debussy, cuando después decidió homenajear directamente el poema de Verlaine que la inspiró, y le puso el mismo título que a este “Claro de luna (Clair de Lune)”. Una pieza romántica, con la mayor de la delicadeza sonora posible que se puede extraer del instrumento, ha sido por mas de un siglo un deleite para todos los amantes de la música.

La obra finaliza con el “Passepied”, originalmente concebido bajo el título de “Pavane”, pero que por su carácter vivaz y animado Debussy decidió cambiarle el nombre, para redondear esta magnífica obra.

Para finalizar les comparto uno de los fragmentos de “Clair de Lune” de Verlaine que fueron fundamentales para la composición de la obra y que les será muy útil para entenderla una vez que vayan a escucharla:

Votre âme est un paysage choisi
Que vont charmant masques et bergamasques
Jouant du luth et dansant et quasi
Tristes sous leurs déguisements fantasques

Tu alma es como un paisaje elegido
Donde las encantadoras máscaras y los bailarines se pasean
Tocando el laúd y danzando, y casi
Tristes bajo sus fantásticos disfraces.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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