Los Archivos del Escarabajo | Alberto Cortez, el recuerdo de su última presentación en Durango

Por: Geral Rosales 

Dicen que en el pedir está el dar y desde hace tiempo los duranguenses pedíamos a los Dioses del olimpo y la cultura, la presencia del más grande poeta musical de estos tiempos, un hombre que con su sola voz puede enamorar y lo ha hecho a través muchas generaciones y llegó  una tarde de octubre de 2016 para el Festival Internacional Revueltas, el Cortez de la música, el Alberto que con sus palabras  logró  capturar la esencia de los corazones enamorados, tristes y hasta ebrios por un amor que seguimos queriendo.

Día previo a su presentación, el maestro, como muchos le dicen de cariño, se dio tiempo para charlar con los medios, no puede decirse que fue una rueda de prensa, se rompieron formalidades y Alberto sonreía, “pregunten, qué quieren saber” decía con una tierna sonrisa de niño, “no sólo he plantado un árbol, he plantado muchos por la vida”, refirió al cuestionársele sobre la hermosa canción “Mi árbol y yo” , más sonrisas y la lluvia que parece, tarde más emotiva no se podía tener.

Luego de mucho esperar, cuando por causas de salud Cortez no  había podido  estar en Durango, la Plaza IV Centenario se iluminó primero con la hermosa luna de octubre, esas que sólo en este mes se pueden ver, luego el calor de la gente que fue poblando uno a uno los asientos preferentes y gradas, algunos de pie, otros sentados en el piso, eso no importaba, porque lo que estaba por ocurrir valía mucho más que eso, los corazones se agitaban y el oído comenzaba a reacomodar los órganos internos y de pronto todo eso se conjugó con la presencia de Alberto Cortez en el escenario, aplausos, suspiros, besos y lágrimas.

“Ando medio tullido” las primeras palabras de Cortez en son de broma, por algunas causas de salud que padece, pero se ve fuerte, el escenario le rejuvenece, un cómodo sillón, un atril y pianista a su lado, son los elementos perfectos para comenzar la velada, “Distancia” fue el primer tema que de entrada enamoró a los duranguenses en esa histórica noche.

Luego “como quitarle al calendario las hojas que nos faltan todavía”… y con destinario a las damas presentes y con su piropo correspondiente, “me he quedado atónito de tantas mujeres guapas que hay por acá”, llegó en el sobre de su canto “Te llegará una rosa”, una de sus tantas canciones clásicas y muy queridas por el público universal.

“Qué cosas tiene la vida, Mariana” nos recordó que cuando más alto volamos, nos duele más la caída, luego vino una lección de amor y de herencia con “Mi árbol y yo”. Con esa que con el correr de los años, con los pantalones largos nos llegó la adolescencia y fue al sobra de algún árbol en una siesta de verano cuando muchos perdieron la inocencia, luego vino la canción de “Lupita”, con esa elegante voz que sólo el maestro tiene.

De ahí su canto siguió con “Te sigo queriendo como el primer día… Con esta alegría con que voy viviendo más que en el relevo de las cosas idas”, esa hermosa canción que tiene como título como “El primer día”. “Callejero” no podía faltar, esta hermosa canción dedica a un perrito que tuvo y que describe sabiamente que “era fiel a su destino y a su parecer sin tener horario para hacer la siesta ni rendirle cuentas al amanecer”.

Su admiración por José Alfredo Jiménez se hizo presente con un pequeño homenaje y una charla de cuando lo conoció, después las notas del piano ejecutadas magistralmente por el pianista Fernando Badía, anunciaban “Ella” y con ese vozarrón de Cortez, sin duda aunque ya estaba escrito seguro que la protagonista de la canción no se marcharía.

“La vida” y “Eran tres” siguieron con la velada, esta última canción como un homenaje a los tres “Pablos” que fallecieron el mismo año (1973) Pablo Picasso, Pablo Neruda y Pablo Casals, pintor, escritor y toreo, respectivamente, luego vinieron temas “Como la cigarra” y un pequeño “Medley” continuaron la fiesta.

También se dio tiempo para recordar a dos grandes, con “Los ejes de mi carreta” a Atahualpa Yupanqui y “No soy de Aquí” de Facundo Cabral, su gran amigo el cual durante cuatro años lo acompañó en diversos escenarios con el espectáculo “Lo Cortez no quita lo Cabral”.

Al  final, el maestro se puso de pie, despidiéndose de la concurrencia, los gritos de “otra, otra” no lo dejaban avanzar rumbo a su camerino, qué mejor ocasión para sentarse y cantar “Cuando un amigo se va” y que como bien dice la letra, “cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”, así se fue Alberto , entre aplausos , porras, vivas, lágrimas y sonrisas, eso señores, es celebrar la vida y Cortez con su canto… nos da vida.

 

*Alberto Cortez estuvo en Durango por última vez el 15 octubre de 2016 en el Festival Internacional Revueltas, murió el 4 de abril del 2019

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