Los Archivos del Escarabajo | Crónica y recuerdo del concierto de Bob Dylan en Zacatecas

Por: Geral Rosales

Pocas veces uno tiene momentos claves con la historia, momentos que tardan, momentos que se sueñan pero como versa el proverbio chino: “Cuidado con lo que deseas…que se puede hacer realidad”…  llegan, Bendito seas Durango porque estas a cuatro horas de Zacatecas, Bendito seas Zacatecas porque colindas con Durango, porque solo nos divide una línea divisoria pero nos une una misma carretera…

Caían los albores del 25 de Marzo de 2008, una fecha que esperaba con ansias, 4:00 de la mañana, el despertador es el mejor indicativo para saltar de la cama y preparase para la cita con el destino, con la leyenda…4:30 a.m. salgo de mi casa (su casa) y el aire fresco se deja sentir, abordo el eco-taxi que me llevaría a la central de autobuses, ya con boleto en mano subo al ómnibus rumbo a  la “gloria”, alguien me saluda me conoce por las conferencias y los programas que realizo  de los Beatles… ¿vas a ver a Dylan?, me pregunta y sin titubeos le respondo que sí,  intercambiamos comentarios antes de que el camión emprenda el viaje, vamos saliendo  de Durango cierro los ojos, dispuesto a  dormir un rato más, a soñar para que en unas horas me despierte  con la realidad.

Despierto, son las 9:30 de la mañana, Zacatecas me saluda con un sol reluciente, con un día que promete alegría pero también esfuerzo porque no son aún las 10:00 de la mañana  y ya hay gente formada en una de las puertas de acceso al concierto, gente hasta con cobijas que de seguro pasó la noche esperando tener un lugar privilegiado para ver a Bob, antes de formarme decido ir a desayunar unas gorditas de “Doña Julia”  muy conocidas desde 1982,  para cuando regresó al lugar del concierto, la fila había crecido más pero la decisión ya estaba tomada,  sentarme a esperar.

A medida que pasaban las horas la fila aumentaba, el sol se dejaba sentir pero el ánimo no decaía, a mi derecha un grupo de jóvenes zacatecanos reían y hacían juegos para matar el tiempo, a mi izquierda un ingeniero duranguense me contaba de sus viajes que realizaba. Después se fueron uniendo a la platica jóvenes de Guadalajara y de Chihuahua, luego otros más de la Ciudad de México, ya éramos una bolita que charlábamos de Dylan, de su influencia en los Beatles, de la cancelación de los Doors en Durango y también en Zacatecas, de la supuesta muerte de Paul McCartney y hasta de Futbol.

12:00 del día, una voz grita  “Ánimo solo faltan 8 horas para que empiece el concierto”, gran consuelo,  mientras el calor se sentía cada vez más y más, desfilaba el de globos, el de los duros, el de las galletas, la de las semillas y hasta un perro que por momentos enfurecía tal vez por el calor.

2:00 de la tarde, la seguridad comenzó a llegar, se nos indicaba que el acceso a la plaza sería hasta la 5:00 de la tarde, eran apenas las 3:30 y los de Chihuahua nos invitan una “Sol” para calmar el calor, “qué ironía”, en las filas ya éramos más y la gente comenzaba a amontonarse.

4:30 de la tarde,  ya toda la gente estaba de pie en línea para entrar en media hora a la plaza, dan las 5:00 y se abren las “puertas del cielo”, todo en orden, las gradas se empiezan a llenar y la parte de en medio a inundarse de gente de todas las edades, me toca estar hasta adelante en la barra que dividía el escenario, cerca de los instrumentos,  un “Oscar”  nos da  la bienvenida, estatuilla que según dicen acompaña en la gira a Dylan, obtenida en el año  2001 por  mejor canción original “Things have changed”, tal vez como un amuleto de la buena suerte.

Eran las 6:30 de la tarde y la gente en las gradas comienza a hacer intentos por una “ola”, se inflan globos y condones que son la diversión de todos para matar el tiempo, no falta los novios que se besan, el que grita “Viva la Revolución” y que más tarde por escandalizar es sacado del lugar por los de seguridad entre abucheos, un desmayado, el que vomita, la chifladera y todo lo que no puede faltar previo a un gran concierto…

8:20 de la noche y comienza la desesperación de la gente, el aplauso,  el chiflido, el voltear a ver los relojes y justo cuando dan 8:30 se apagan las luces del escenario, salen los músicos vestidos elegantemente y de sombrero toman sus instrumentos y comienzan los aplausos, Bob Dylan con traje negro y su sombreo distintivo de la gira rasga la guitarra eléctrica…estaba frente a una leyenda viviente, ante el poeta, el amigo de los Beatles, el “Travellig Wilbury”… Dylan es único…la gente lo sabía…yo también.

Robert Allen Zimmerman, Lucky Wilbury o Bob Dylan, como usted le quiera llamar  se le ve excelentemente, rejuvenecido, lleno de vida con una sonrisa no muy frecuente en él, la plaza de armas de Zacatecas con casi 10,000 personas sigue  a reventar,  un concierto que trascurrió en orden, que la gente disfrutó con grandes canciones de folk, blues, country, en pocas palabras los caminos de un poeta que ha escrito poemas que han sido musicalizados y cantados con el ir y venir de generaciones.

Temas como “Watching the river flow”, “Love sick”, “Thunder on the mountain”, “Just like a woman”, “Highway 61 revisited” , “When the deal goes down”, y  la muy coreada y esperada “Like a Rolling Stone”, interactuando muy poco con el público, Dylan hizo de la noche magia, con grandes músicos , con grandes canciones y con el sentimiento de su armónica inigualable, su guitarra y hasta el teclado.

Y mientras caía la noche al píe del cerro de la Bufa y con la Catedral iluminada, en los balcones del Palacio de Gobierno de Zacatecas, decenas de personas disfrutaban con mayor comodidad del concierto, Bob Dylan se despedía entre aplausos, los accesos de la plaza se abrieron y el río de gente comenzaba a salir, unos se abrazaban, otros hasta lloraban…misión cumplida, Dylan cumplió y con su llegada hizo historia en tierra de la cantera,…Bendito seas Durango porque estas a cuatro horas de Zacatecas, Bendito seas Zacatecas porque colindas con Durango, porque solo nos divide una línea divisoria pero nos une una misma carretera…Bendito seas “Bob” por tus música y tus poemas.. Bendito Dios por esta gran experiencia.

De regreso en el autobús, la noche me envuelve con su silencio,  la luna brilla más intensamente mientras me pregunto…  ¿algún día volveré a ver a Bob Dylan?…no lo sé, la respuesta aún está soplando en el viento.

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