Matar a un ruiseñor

Por Marco Antonio Olaguez Bayona

Perfecta adaptación de la novela de Harper Lee, sobre la vida en el Profundo Sur de los EE.UU. durante la Depresión de 1929, vista a través de los ojos de unos niños, hijos de un padre viudo, interpretado admirablemente por Gregory Peck en la mejor interpretación de su carrera, que le supondría ser galardonado con el
Oscar al mejor actor de 1962, por su creación del íntegro abogado Atticus Finch, que acomete la defensa en el juicio de un hombre negro, falsamente acusado de violar a una mujer blanca.

Todo el film supone una conmovedora y sublime aproximación al mundo de la infancia, a través de cuyos ojos, percibimos su descubrimiento del mundo y su forja como seres humanos comprometidos y responsables. A través de las ávidas y curiosas miradas de los hijos de Atticus, se nos muestra la intolerancia social sureña con toda la carga de desprecio, odio y prejuicios hacia la comunidad afroamericana.

La película tiene escenas impresionantes cuya demostración se ve reflejada en ciertos valores, sobretodo la integridad y la admiración por la figura paterna, en la calurosa noche en que reciben la magistral lección de principios, por parte de su padre en el porche del hogar. El descubrimiento del auténtico valor, que no supone ignorar el miedo, sino aprender a controlarlo y a dominarlo, tanto el miedo subjetivo (la casa vecina que se supone maldita), como el miedo objetivo (el sobrecogedor enfrentamiento a la multitud que pretende linchar al acusado).

El respeto, mantenido por encima de la consecución de las justas pretensiones, expresado por la comunidad negra al ponerse respetuosamente en pie en la sofocante galería del juzgado, para rendir homenaje al hombre que tuvo el valor de defender sus ignorados derechos. En definitiva un excelente modelo de adaptación literaria que sabe, a través de una sobria dirección y una excelente actuación, efectuar con rigor y sin paternalismos hipócritas, una cruda reflexión sobre una realidad social claustrofóbica y excluyente, vista con la sencillez y la ternura de los ojos de un niño.

Que la disfruten.

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