Mosaico Cultural | Camino Real de Tierra Adentro: La Crianza de Ganado Mayor

Por Juan Carlos Gutierrez 

Fue en la exploración española que los hombres a caballo iniciaron ese destino que habría de consolidarles como criadores de ganado mayor a través de los años. Desde Ciudad de México a hasta Santa Fe, Estados Unidos fue  ese recorrido que hubo de necesitar sujetos diestros en el manejo del caballo como tal; jinetes de siglos en historia ecuestre, remanentes de los “bereberes” africanos que fueron los primeros en usar al cuadrúpedo como instrumento de transporte y trabajo.

Los charros son el antecedente más claro de aquellos encargados de alimentar, arrear, herrar, curar y trasladar  animales mayores para su manutención y cuidado. Los vaqueros son ese resultado tanto en el sur de Estados Unidos como en el norte de México que tuvieron a bien aprender de éstos todo aquello que serviría como modo de vida y dedicación conservadora de la naturaleza siendo abastecedora de la especie. Más de 5 siglos respaldan a los “herraderos” así conocidos antes que el término refiriera a los “charros” en  el occidente; los rancheros (herraderos) se reunían en esparcimiento para la captura y manipulación de reses en campo abierto, en muchas ocasiones el esparcimiento y ocio los llevaba a crear nuevas faenas para el control de dichos animales.

En las tierras norteñas de Durango, México donde se forjan estos hombres solitarios y agrestes que con rostros curtidos cobran al tiempo lo que les pertenece, lo que el pasado les hace como guardianes de las llanuras, montañas y valles donde son más que dueños. Los vaqueros del norte de este país se distinguen por su “modus vivendi”, encuentran la diferencia de otras actividades en los lazos que producen con lo que les rodea, en ese vínculo que surge cuando hay contacto de corazón con las diversas formas de vida (naturaleza). Son los ganaderos duranguenses y demás vecindades símiles los que han construido todo un símbolo de templanza  y sobriedad ante las vicisitudes de clima y relieve.

Los criadores en Durango son esa historia endémica que romantiza los aires con un dejo de tabaco, cuero y semblante recio; son ellos los que recorren los pastos de los mejores agostaderos, los que mejor perpetúan la idea de familia y disciplina como equipo; ganaderos que confían en la religión propia para la serenidad de alma, ellos los que con su nobleza aprenden a observar con respeto lo que habrá de permanecer aun cuando ellos terminen su labor. Los vaqueros en la tierra del centauro del norte son la melancolía de la tierra, la voluntad de lo vivo, la representación de esa alianza consciente entre Espíritu y Esperanza.

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