Mosaico cultural | Locuras tácitas

Por Juan Carlos Gutiérrez

“Será que no sabemos qué hacer cuando se aparecen”, pareciera que la vergüenza alcanza cuando no se entiende lo que se ve. La locura en México se manifiesta en casi todo los grados de alrededor que tienen sus ciudades y poblados, nostalgias olvidadas de algo que fue, memorias abandonadas por falta de observación y ternura, aquello que  grita en silencio y que no deja de penetrar en las sombras de la especie, esa parte rota de la psiquis que confunde.

En las fantasías colectivas no se espera ese espectro de gen que paraliza cuando se le tiene enfrente, en las comunidades no hay responsabilidad por aquello que no resultó como ellos pretendían, esos miembros espectrales desde fuera que dialogan distinto por dentro, esas mentes que amagaron las almas y sofocaron la leyenda de la razón fruitiva son ahora repelente para un “mundo sensato”.

El prejuicio se regodea con la imprudencia (falta de entendimiento), y hiere de su indolencia  a esos cuerpos que “flotan sus pies”, mientras otros pesan su vivir con experiencia aceptable por todos, soledades que caminan su destino en lo que otros consideran dimensiones de lo absurdo, vidas coludidas con el deliquio de su imaginación, sueños pragmáticos y atrevidos que rompen aceras con su respirar.

En todo lugar asusta aquello que no se halla en algún manual doctrinario, hay condenas inconscientes por la ausencia de sensibilidad ante lo distinto, miedos que atropellan con su intransigencia lo que ni siquiera sospechan, actitudes sometidas a la comparación que irremediablemente habrán de encontrar frustración, gente que existe estas tierras en plena ignorancia del cariño que nos es necesario y que desgasta el humilde sentido del concepto respeto: “Dar cuenta de lo sagrado para cada quien”.

 

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