Mosaico Cultural | Perla del Guadiana: Experiencia Latente

Por Juan Carlos Gutiérrez

Hay anécdotas que se nutren de espacios y espacios que platican lo ocurrido como si fluyera una sangre que contiene el recuerdo entre canteras, ladrillos, empedrados o asfaltos, en Durango hay “voces murmurantes” que palpitan lo rígido de su contorno como ciudad; nostalgias que se animan al paso de quien transita; una narrativa extensa y silente que atraviesa cualquier incauto expuesto.

La Perla del Guadiana es abrigo que guarda los secretos de quien crece y muere en su pesebre, es también abrevadero de experiencia única que establece las pausas del sentir; fantasmagoría latente que consiente al pensamiento de quien se atreve a descubrir. La resolana encandilante salpica con fulgor como en ningún otro lugar las casonas y edificios que son espejos de vivencias que te sacuden al pasar, te someten a su aroma y coraje de ser, de permanecer, de volver a vivir en los ojos y corazón de quien siente. No hay nada en esta ciudad que no afecte el sentimiento en todas sus modalidades; un lugar que con el anhelo se pisa su presente, que con su pasado resucita  momentos de experiencia; toda esquina en la ciudad oculta risas y llantos impregnados en sus piedras con forma.

Es en esta región del país donde los campos alfombrados de amarillo atisban las tonalidades de la urbe; los reflejos cetrina irradian las calles que con luz propia vaporiza principios de amarguras, pero también podría cegar la voluntad del melancólico que ausente del aquí y  ahora puede esfumarse con las sombras que caminan sobre horas. Las calles largas y llenas de cuentos desbordados estiran las leyendas enigmáticas que penetran toda piel en flor; la imaginación se hace práctica cuando muros y banquetas se desdoblan con la caricia sutil de un lugar que pulsa el pensamiento del que disipa el temor por encontrar.

La tierra del cine se manifiesta como un largometraje de personajes diáfanos, que persiguen el aura de sus celajes tan cercanos y esbozados por algún pintor impresionista. Durango es latencia viva que despierta el ensueño una vez que sus brazos alcanzan la calma de quien observa.

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