Mosaico Cultural | Wixárika: “El Costumbre”

Por Juan Carlos Gutiérrez

El Huichol o Wixárika, llamado así en su lengua, es una de las comunidades nativas de México más renuentes al cambio de sus tradiciones. Los Huicholes habitan las barrancas profundas de los Estados de Jalisco, Zacatecas, Nayarit y Durango; su tribu ha descubierto y desarrollado  una “magia singular” que no ha perdido vigencia durante los siglos, y que todavía tienen una presencia impresionante en el indigenismo mexicano.

La geometría asume diferentes significados dentro de sus costumbres, siendo el Rombo la principal figura que habrá de concebirse como “el Ojo de Dios” el cual se halla en el centro del plano donde ellos se perciben. Los Huicholes tienen una expresión concreta de sus creencias a través de sus ritos y arte,  que va desde el bordado de sus ropas, hasta la invocación de los “dioses” que habitan  cada elemento de la naturaleza.

Una de las fiestas principales es la del Tambor para dar gracias por las lluvias, fertilidad de la tierra y nacimiento del maíz, le sigue las celebraciones del Cambio de Edad entre los niños, que además, son propiedad de la comunidad no sólo de sus padres; las Velas, que representan la luz del sol; los colores en sus collares y pulseras de chaquira (abalorio) como simbolización de los estados anímicos.

La música del violín y guitarra como ocasión de alabanza al Fuego donde el Venado tiene su “aparición” como deidad regente. Sus peregrinaciones imaginarias con cinco portales místico-espirituales donde se prueba el temple de cada uno de los miembros rumbo a su lugar más sagrado de nombre “Wirikuta” ( Poblado de Real de Catorce en el Estado de San Luis Potosí), donde también se tiene la ingesta del Peyote (Jícuri) que contiene el Conocimiento (Niérika) y es centro de su vida religiosa. Animales como las serpientes se usan en las oraciones para pedir lluvias, las flores del maíz y escorpiones  son considerados como mensajeros divinos.

La percepción de la realidad en el huichol es tan intensa que nos transporta a constelaciones de significación increíbles; ensueños oníricos que soportan la vida práctica y que en su acumulación de centurias lo han nombrado en masculino “El Costumbre”, como su manera muy especial de sentir el Todo.

 

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