Realeza vs Realidad II

Miguel Angel Burciaga Diaz

Como lo dije en el artículo anterior, la ópera fue el primer género musical destinado a grandes públicos, pero su construcción artística era muy agreste y poco coherente, de modo que hacia fines del siglo XVII se inició una transformación encabezada por grandes estetas y libretistas como Zeno y Metastasio, que reformó la estructura y estilo de esta, dando lugar a lo que sería el modelo base de toda la ópera posterior hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

 

La cuestión fue que la nueva ópera si bien mejoró radicalmente en cuanto a forma y calidad musical, el contenido que ahora se le brindaba al público de los teatros era el mismo del que gustaban en las casas nobles, es decir, tragedias basadas en los mitos grecolatinos, epopeyas bélicas o relatos bíblicos que eran alterados de su forma original y adaptados para que los héroes de tales historias representaran de un modo muy evidente las virtudes de los nobles que patrocinaban o reinaban en la región de un teatro determinado.

 

Esto generó dos problemas serios en el gusto del público, el primero, que era demasiado obvio la intención de propaganda política de las casas nobles, lo cual era bastante irritante durante las primeras décadas del siglo XVIII, sobre todo cuando empezaban a resonar con mayor presencia las ideas novedosas de los jóvenes pensadores ilustrados. El segundo problema, radicaba en el hecho de que como los relatos originales eran alterados, las tragedias siempre tenían un final feliz que ensalzara aún más las virtudes del protagonista, que no era otro que un símbolo de un determinado rey, conde o lo que fuera con lo cual las obras no producían ningún tipo de catarsis, provocando que el vínculo sentimental con el público fuera cada vez menor.

Para evitar que esto dejara de ser un negocio redituable, los empresarios teatrales crearon el intermezzo, que era una especie de escena cómica acompañada de música con la misma estructura de la escena operística y que en breve tiempo narraba una historia completa. Estos fragmentos eran intercalados entre los actos de las grandes tragedias y fueron de gran atractivo para el público. Uno pensaría que eran fragmentos bobos y simples, por lo cual eran de fácil consumo y atractivo, pero en realidad estas escenas cómicas tenían otras virtudes que poco a poco ganaron terreno sobre las tragedias.

 

En primer lugar, narraban escenas cotidianas contemporáneas a la época del público. En segundo lugar, daban voz a todas las clases sociales, pues los personajes no representaban figuras míticas inalcanzables sino a la gente de la comunidad ya fuera un panadero, un cocinero, un jardinero, un heraldo, un juez, un conde, un burgués, etc.

 

Esta mescolanza de personalidades, donde los nudos se resolvían a través del ingenio de los personajes, era mucho más atractiva que los monótonos guiones de la ópera seria, como se conoce comúnmente a la ópera dramática de entonces. Por otra parte, estas escenas requerían otro tipo de gestos musicales para expresar una variedad mayor de personajes, por lo que la música era mucho más rica y contrastante que los motivos utilizados para la ópera seria.

 

El éxito de los intermezzi llegó a ser tan grande que ocurrieron cosas tales como el hecho de que a veces se cambiaba la ópera en el teatro, pero se conservaba el intermezzo o se pedía que el intermezzo se repitiera dos veces en una misma función, incluso los cantantes de la ópera pedían participar del elenco del intermezzo dado el éxito y la variedad musical que representaba este nuevo género escénico.

 

En 1733 ante tan buenos resultados, se presentó por primera un intermezzo cómico de varias escenas, independiente de la función de ópera seria, se trató de “La Serva Padrona” de Pergolesi, una historia donde la criada de un viejo rico hace todo tipo de tretas para tratar de casarse con él y heredar su fortuna. El resultado ante el público fue extraordinario e inmediatamente surgió la ópera bufa, un estilo de ópera completa con varios actos, pero sobre historias cómicas con personajes cotidianos.

 

Esta ópera no solo resultaría más exitosa que la ópera seria que aún así mantuvo su vigencia, sino que además era más compleja e interesante desde lo escénico y lo musical, tanto que llamaría la atención de grandes compositores como el mismo Pergolesi o Paisiello, y más adelante nada menos que de Haydn, Mozart y Rossini.

 

Esta notable rebeldía ante lo que pretendió en su momento ser una imposición de las casas nobles no se quedó ahí. Los mismos nobles temerosos del avance de la Ilustración como gesto de benevolencia empezaron a financiar y promover las óperas bufas, aunque existían restricciones y censura respecto a ciertos contenidos.

 

Sin embargo, la crítica social radica en el núcleo de la comedia, de modo que la ópera bufa sería uno de los principales vehículos ideológicos de uno de los grupos más incómodos en la historia para la monarquía y la Iglesia: Los masones.

 

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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