Realeza vs Realidad IX: Entre el progreso y la marginación

Miguel Ángel Burciaga Díaz

Hacia fines del siglo XIX el poderío económico, tecnológico y político de las potencias europeas aumentó considerablemente, pero es difícil que un progreso tan ascendente como el de los grandes imperios de entonces se realizara sin dañar a otras zonas que quedaron en cruel marginación.

Por supuesto que los principales afectados fueron los que aún entonces eran territorios coloniales, como el caso de África y Asia, así como las constantes presiones contra los territorios árabes. Pero las terribles condiciones de desigualdad no se limitaron a esas regiones, sino que también aparecieron dentro de los márgenes europeos, como era el caso de los territorios de Europa del Este o del Sur de Italia. Incluso las principales ciudades como París o Londres tenían una parte considerable de sus habitantes viviendo en malas condiciones en los barrios bajos.

Aun así, el manejo económico del mundo y los grandes avances científicos y culturales tenían su epicentro en esas grandes ciudades europeas, tan solo habría que recordar lo que fue la imponente exposición de París de 1900.

Esta dicotomía entre progreso y marginalidad, de la cual nuestro propio país tuvo su experiencia bajo el porfiriato, hizo que los artistas marcaran claramente dos inclinaciones políticas que influirían no solo el aspecto social de sus obras, sino incluso los conceptos técnicos y estilísticos de la mismas. Por un lado los defensores e impulsores del progreso promocionado por los imperios, y por el otro, una marcada denuncia y reclamo contra la desigualdad social manifestada en las poblaciones marginales.

Es interesante el hecho de que, hacia el arribo del siglo XX, hubo una tremenda expansión en cuanto a lenguajes y conceptos artísticos, donde la música tuvo una repercusión bastante importante, de modo que podemos distinguir una considerable variedad estilística en la producción cultural de aquel entonces. Sin embargo, esta división en cuanto al enfoque social de la música no estuvo exenta en ninguna de las expresiones así fueran más tradicionalistas o vanguardistas, incluso, llama la atención que un arte estilísticamente conservador no necesariamente era partidario de los imperios, como a su vez un lenguaje vanguardista no era sinónimo de crítica y rebeldía.

Si bien  en el próximo artículo detallaré específicamente las corrientes y estilos, así como los nombres de sus principales representantes, lo que se puede apreciar claramente es que, a diferencia del aparente distanciamiento político del primer romanticismo, la nueva generación de artistas expresaría abiertamente su visión social y política del mundo en el que participaban y usaban sus obras como un vehículo comunicativo para expresar determinadas ideas, sin que esto fuera una limitante para la calidad estética y su personalidad artística.

El artista tomó un rol ideológico notablemente comprometido y probablemente sin esta fuerza de las manifestaciones culturales, los debates importantes no hubieran sido llevados al centro de la mesa de todos los estratos sociales, donde chocaron las posturas de dos frentes irreconciliables: capitalismo o socialismo; riqueza de pocos o pobreza de muchos; monarquía o democracia; tradición o vanguardia; progreso o equidad; paz o guerra; nacionalismo o expansionismo; realismo o ficción.

Todos estos debates se encararon apasionadamente desde las artes y tomaron la mayor relevancia en todos los ámbitos políticos e intelectuales, hasta que en algunas regiones se transformaron en movimientos sociales de gran fuerza.

Mientras los imperios disfrazaron las creciente crisis con imponentes manifestaciones de avances científicos y tecnológicos o a través del invaluable preciosismo con el que embellecieron a las grandes ciudades, la confrontación social iba en aumento y la apatía despótica con la que los gobernantes miraban este panorama terminaría en terribles tragedias humanas con el advenimiento de revoluciones sociales, como la mexicana o la rusa y el estallido de la terrible Primera Guerra Mundial, el siglo XX que se prometía como el punto culminante de una humanidad progresista, terminaría siendo un siglo de contrastes, tragedias, caos y grandes transformaciones que cambiaron para siempre el rumbo de la humanidad.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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