Realeza vs Realidad V: Un siglo de contrastes

Miguel Angel Burciaga Díaz

Aunque escribí anteriormente sobre una rebelión introspectiva durante el desarrollo de la música en el siglo XIX, sería deshonesto limitar la visión de esta serie de artículos a ese solo propósito, ya que el período que va de la época de la Restauración al estallido de la Primer Guerra Mundial estuvo lleno de contrastes sociales, políticos y económicos, pero además de una considerable variedad de corrientes artísticas y filosóficas, a las cuales los compositores no estaban ajenos, por lo que no solo influían en su manera de componer, sino también en sus ideologías y visiones del mundo.

Para abordar esto sin entrar en mayores complicaciones, podemos tomar como punto de partida dos cambios sociales muy significativos: el ascenso de la clase burguesa y el desarrollo de los artistas como profesionales independientes.

Si bien, como dijimos anteriormente las Casas Reales habían tomado con rigor el control político de Europa, el desarrollo de los nuevos y lucrativos capitales industriales y comerciales, no podía frenarse, más cuando para entonces la mayoría de las colonias americanas se independizaron, de manera que, aunque la expansión política o militar funcionaba en otras partes del planeta, sin duda alguna era de mucho más provecho la expansión económica, con lo cual la clase burguesa empezó a tener una presencia mucho más evidente en el desarrollo de las sociedades occidentales donde las decisiones ya no podían depender del todo de los nobles.

Por otra parte, si bien aún había trabajos por mecenazgo o encargo, los compositores encontraron distintos emprendimientos que eran de ventaja económica para ellos entre los que destacan: la posibilidad de brindar conciertos como intérpretes destacados como era el caso de Paganini, Liszt o Chopin; el desarrollo tremendo de la industria editorial musical que fue benéfico para la mayoría de los compositores; el trabajo como profesores en lo que serían las nuevas instituciones musicales de formación profesional de las cuales derivó el modelo del Conservatorio de Música, que tradicionalmente se le atribuye a figuras como Schumann o Mendelssohn; y por supuesto, la ópera, que era la expresión artística para el público más numeroso, por ende la más lucrativa y que no tendría competencia de consumo hasta la creación del cine.

Esta nueva libertad laboral, aunque no era siempre exitosa, hizo que aumentara considerablemente la cantidad de compositores, incluso ustedes pueden observar que mientras en el clasicismo si hablamos de los más renombrados, nunca salimos de Gluck, Haydn, Mozart o Beethoven, en cambio, en el Romanticismo, aún limitándonos a los que tradicionalmente son los más importantes, la lista es enorme.

En el Romanticismo había compositores radicalmente opositores a los sistemas gobernantes, como fue el caso de Verdi o Wagner, otros como Liszt, eran afines al modo de gobernar, algunos seguían la línea del pensamiento beethoveniano, aunque menos fervorosa, como era el caso de Schumann o Brahms, también había quienes se limitaban a criticar moderadamente acontecimientos con los que no estaban de acuerdo, como era el caso de Chopin o Donizetti, y algunos simplemente mantenían sus obras totalmente neutrales a cualquier política.

Este temor para manifestarse abiertamente en contra del sistema político no era porque los artistas fueran cobardes, la verdad era que entonces era casi imposible expresar una oposición, salvo que tuvieran vocación de mártir, ya que los movimientos rebeldes eran sofocados rápida y violentamente, como fue el caso del intento de revolución en Francia en la década de 1830, que no duró ni una semana.

Por otra parte, ese siglo, al menos en los países centrales de Europa, tuvo un gran desarrollo económico y en general bastante menos bélico de lo que fueron otras épocas, con eso,  la vida para grandes sectores de la población de esas regiones mejoró, por lo que era tal vez lógico que el descontento se atenuara por un tiempo.

Sin embargo, este bienestar solo era aparente, ya que dependía en parte de la explotación desmedida y represión aplicadas en otras regiones del mundo, cuya brutalidad obviamente no era divulgada a las poblaciones europeas, la cual no solo se limitaba a lugares tan castigados como el continente africano o asiático, sino incluso también en algunas naciones de la Europa del Este, así como intentos fallidos de reconquista en terrenos americanos, como fue el fracasado proyecto de instalar un imperio en México en 1862.

Algunos pensadores y artistas hicieron acento en este mundo que se ocultaba a la vida tranquila de las ciudades importantes de Europa y poco a poco la crítica a estas actitudes políticas amparadas bajo una supuesta ética y moral social típica de la era victoriana iría sumando voces, como espero poder relatárselos la próxima semana.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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