Realeza vs Realidad VII: ¿Una buena vida?

Miguel Ángel Burciaga Díaz

En la primera mitad del siglo XIX, como mencioné anteriormente, el control político volvió a la nobleza y uno de los mecanismos para suavizar la percepción de la vuelta del absolutismo y la represión contra las visiones críticas del gobierno, fue el desarrollo de una corriente de pensamiento dirigida a la clase burguesa, en la cual se pretendía que se dieran cuenta que las condiciones de vida de las que disponían eran perfectas y que no podían estar mejor.

Las artes fueron un medio eficaz para la transmisión de esta ideología en la cual con un sentimentalismo exagerado e idealizado y una sobrevaloración de un estereotipo que decía que la perfección radica en los pequeños detalles,  muchas personas creían que estaban mejor que nunca y seguían modelos de lo que podría ser una vida insuperable, ya sea en cuanto al entorno familiar, actividades recreativas, libros para leer, obras que ir a ver al teatro, paseos, reuniones, bailes, muebles, vestimenta y demás prácticas que eran acordes a lo que se pintaba como una vida noble, feliz y carente de problemas.

La gente creía que más que esos ideales Ilustrados de libertad, igualdad, educación, democracia y valoración de la razón, pequeños detalles como tener un lindo comedor, pasear en familia por el parque o comer un sabroso y elaborado pastelito, eran los momentos que poco a poco iban sumando la verdadera felicidad. Aunque esto puede parecer superfluo, esta corriente influyó notablemente a casi todos los compositores de la época, algunos de hecho solo componían en base a esta ideología.

Esta vida sentimentalista y edulcorada, hoy suele conocerse como estilo Biedermeier, un término acuñado por los poetas alemanes Ludwig Eichrodt y Adolf Kussmaul, que crearon un personaje ficticio con ese nombre que sarcásticamente ridiculizaba ese tipo de vida. Aunque la palabra no tiene una traducción directa en nuestra lengua, es un sinónimo de honesto y bueno, utilizado irónicamente por los críticos de esta ideología.

La actitud Biedermeier, justamente en su “vida buena” veía como algo de mal gusto que la gente honrada y de buena familia se involucrara en asuntos políticos o que desperdiciara su tiempo en polémicas de críticas sin sentido a los gobiernos que tanta paz y progreso daban a los reinos europeos. Esta corriente se contraponía al verdadero espíritu romántico, que si bien, daba una gran relevancia a los sentimientos, no lo hacía por una cuestión de idealización absurda, sino para expresar lo más profundo del pensamiento de cada artista.

El estilo Biedermeier podía ser medianamente creíble en las ciudades centrales de los grandes imperios de Europa Occidental, pero sin duda alguna, las regiones de Europa del este y las colonias mostraban la otra cara de la moneda donde reinaba la violencia, la desigualdad, la opresión y la pobreza. Es por esto, que el Romanticismo era plenamente consciente de ello y buscó en la expresión de sentimientos, arcaísmos, nacionalismos y en la valoración de la subjetividad, un refugio en el cual los artistas mostraban su desacuerdo ante el lado oscuro de la realidad de los imperios.

Es interesante, que al menos en la primera mitad del siglo XIX, los compositores más notables de la Europa Occidental no expresaban de un modo absoluto ni una corriente ni la otra, sino que su música resultaba de una combinación de ambas, en la cual a veces el lado Biedermeier era más notorio, o si no, el estilo romántico.

En las obras de Chopin, Liszt, Schumann, Berlioz o Mendelssohn, difícilmente veremos una manifestación política tan directa como lo era en el caso de Beethoven o Mozart, de hecho, generalmente es casi imposible encontrar una crítica política.

Esto no quiere decir que estos compositores, salvo tal vez por el caso de Liszt, eran partidarios de los gobiernos, sino que su aspecto crítico no se volcó al aspecto político, sino más bien a la realidad y dificultades que una persona de aquél entonces podía afrontar día a día, que sin duda alguna nada tenía que ver con una vida ideal y que incluso ellos vivieron personalmente algunos de esos tormentos como fue el caso de Schumann con la pérdida de la razón o Chopin con la terrible lucha contra la tuberculosis.

Estos artistas, hablaban desde sus propias experiencias de vida de una realidad que distaba mucho de ser perfecta y en su música los gestos alusivos al estilo Biedermeier, solo son un mero vehículo que retrata lo que pasaba en su mundo, pero lejos de expresar una convicción ideológica, en este caso sirven para contraponerse a los gestos musicales románticos que muestran el lado dramático de la vida de aquél entonces. Aún así, aunque hoy en día no son los más difundidos del repertorio, muchos compositores de fama en aquel entonces se avocaron de lleno al estilo Biedermeier.

Poco a poco, el estilo romántico entraría de fondo en una crítica moral, que de vuelta tornaría a una dura crítica política, sobre todo a final de siglo. Hay que aclarar que, por otra parte, mientras en la Europa central de Austria, Alemania, Francia o Inglaterra, el Biedermeier predominaba notablemente, otros centros culturales mostrarían desde comienzos de siglo una cara muy distinta de la realidad, como los compositores de Europa del Este y los operistas italianos.

Parecería que el estilo Biedermeier es algo absurdo y lejano, pero si observamos la poderosa mercadotecnia actual con la que pretenden que comprando cosas seremos felices o idealizando a las figuras de la farándula comercial como modelos a seguir, creo que el estilo de la supuesta vida perfecta está tan vigente como en aquél entonces.

Dudas y comentarios:  miguel.burciaga92@hotmail.com

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