Un monumento al Juicio Final

Miguel Ángel Burciaga Díaz

Como es costumbre en mi columna, suelo dedicar el artículo que coincide con la Semana Santa a una obra destacada del repertorio religioso, ya que algunas de las creaciones más notables de la historia de la música estan en él, como fue el caso de la Pasión según San Mateo de Bach, de la que hablé hace algunos años en este mismo espacio.

Dado que el artículo de hoy iba a estar dedicado a la figura de Verdi justamente por ser un compositor caracterizado por sus fuertes e influyentes convicciones políticas, decidí dejar la faceta de revolucionario del que se considera el italiano más famoso de la historia para la próxima semana y contarles la historia de su imponente Réquiem, que junto con el de Mozart, es el más famoso hasta el día de hoy.

Verdi era un compositor de ópera y uno de sus grandes ídolos era justamente uno de los más legendarios de ese campo musical, el famoso Gioachino Rossini, compositor de obras tan notables como el “Barbero de Sevilla”, la “Cerenentola” o “Guillermo Tell”.

En 1868 muere Rossini y para entonces Verdi era el compositor más célebre de Italia, por lo que decide emprender un proyecto valioso para homenajear la muerte de tan notable artista, por lo que junto con el Conservatorio de Milán y su famoso editor Tito Ricordi, lideró un proyecto para que 13 compositores italianos, incluyéndose él, compusieran una Misa de Requiem a la memoria de Rossini, haciéndose cada uno cargo de un número de la secuencia tradicional del ordinario litúrgico correspondiente. El proyecto fue recibido con euforia y los convocados aceptaron sin problema, Verdi compuso el fragmento del “Libera me”.

Cuando la obra fue concluida, el comité responsable del proyecto decidió convocar al famoso director Angelo Mariani para dirigir el concierto de homenaje donde se estrenaría la obra, ya que se estaba haciendo cargo de trabajar para las conmemoraciones en Pesaro, la tierra natal de Rossini.

La cuestión es que, aunque había existido una antigua amistad, Verdi había tenido diferencias con la figura de Mariani, quien dirigió algunos de los estrenos de las últimas óperas de Verdi y según se dice, llegó a argumentar que el éxito de las obras se debía a su dirección y no tanto a la calidad de la mano creadora de las óperas. Ante la invitación a dirigir el proyecto de homenaje a Rossini, en principio la respuesta de Mariani fue apática y displicente, lo cual hizo que Verdi terminara de enojarse con él y aunque al final accedió a dirigir el homenaje e hizo de todo para tratar de reconciliarse con Verdi, el compositor se negó a asistir al estreno.

El homenaje estaba a destinado a llevarse en la Basílica de San Petronio en Bologna, que fue el lugar donde Rossini creció y se formó musicalmente en sus años iniciales, pero cerca de la fecha de estreno, la compañía de teatro que iba a facilitar la orquesta y los cantantes decidió cancelar su participación porque eso afectaría el rendimiento de las óperas programadas para la temporada. Ricordi propuso que el homenaje se trasladara a Milán, pero dada la saturada agenda cultural de esa ciudad, el homenaje se dilataría un año más, lo cual aumentó el enojo de Verdi y terminó por cancelarse definitivamente el proyecto dejando la partitura en el olvido.

Después del estreno de Aída en 1871, la cual fue un éxito rotundo, Verdi cerca de cumplir 60 años decidió retirarse de la composición y entonces no sabía que a los 76 años volvería para estrenar su magnífico “Otello”.

En ese tiempo que revisó alguna de sus obras, reapareció su interés por su “Libera me” y se entusiasmó con la idea de componer una gran Réquiem, pero en esta ocasión, creado íntegramente por él. Algunas fuentes creen que su admiración por el Requiem de Mozart y el impacto que le produjo el retablo del Juicio Final de Miguel Angel, fueron algunos de los motivos que influyeron en su deseo por componer una obra así.

El problema es que no era común escribir un Réquiem si no había algún destinatario directo de tal homenaje luctuoso y para entonces ya no tenía sentido retomar la dedicatoria a Rossini. Fue hasta 1873 que falleció Alessandro Manzoni, destacado poeta y escritor italiano, amigo de Verdi y famoso por su compromiso en la lucha por la Unificación Italiana. Aunque Verdi hizo notar su gran admiración por la figura de Manzoni, los especialistas no han logrado aclarar si efectivamente el afecto por Manzoni fue lo que motivó a Verdi a componer la obra o solo fue el pretexto que estaba esperando para realizarlo.

La obra se estrenó en 1874, incluyendo el original “Libera Me” para Rossini con algunas modificaciones y tuvo gran repercusión desde entonces. A diferencia del Requiem de Mozart, el cual es de una profunda introspección y reflexión religiosa sobre la muerte, el Requiem de Verdi explota su talento teatral para la ópera, expresando de un modo intensamente dramático lo que representa la muerte, visto desde la noción que simboliza el Juicio Final en la teología cristiana.

El sufrimiento y la condenación son motivos remarcados en la obra, como lo manifiesta en su espectacular “Dies Irae”, cuyo tema aparece varias veces a lo largo de la obra incluso rompiendo la estructura tradicional del texto del ordinario litúrgico.

Obra creada para una gran orquesta y de notable exigencia vocal, sin duda es una de las creaciones más brillantes del genio verdiano, lógicamente por su característica belleza lírica, pero sobre todo por su gran impacto dramático y soberbia orquestación. Recomiendo ampliamente que lo escuchen, seguramente lo van a disfrutar.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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