Andropausia: una oportunidad para reconocernos

Mtro. Sergio Luis Hernández Valdés
SOCIÓLOGO Y TERAPEUTA FAMILIAR Y DE PAREJA

Dicen que el diablo sabe más por viejo que por diablo. Yo aún no lo soy, ni una cosa ni otra. Pero he vivido lo suficiente para darme cuenta que con mucha frecuencia las cosas, las situaciones, las personas, no son lo que parecen. Mi formación como sociólogo y psicoterapeuta me ha mostrado que es importante que no nos quedemos con las apariencias, o como se dice de manera más coloquial, “no irnos con la finta”

La andropausia era un tema que no estaba en mi agenda. Hace tiempo que, al parecer, la he estado viviendo y la verdad agradezco no haber sido consciente de que pasaba por esa situación. Cuando me di a la tarea de investigar al respecto me angustié. Se trata nada más y nada menos que de la disminución paulatina e irreversible de la fuerza viril de los hombres, la testosterona, producida principalmente en los testículos, tiene una caída de uno por ciento a partir de los 30 años, aumenta gradualmente en nuestros 45 años y los hombres con factores de riesgo (diabetes, hipertensión, colesterol, obesidad… o sea casi todos), probablemente notarán un descenso mayor y más abrupto en sus niveles de producción de esa hormona que yo la conocía únicamente por quienes han pretendido justificar la violencia masculina a partir de su presencia en la sangre de los hombres.

Además, hemos de reconocer que, sin saber lo que es la andropausia, la relacionamos con todos los adjetivos negativos con los que nos referimos a las mujeres cuando “andan menopáusicas”, así, con ese tono de menosprecio. De tal forma que, si alguien se atreve a decirnos “andas andropáusico”, nos ofendemos y nos baja la autoestima ya de por sí lastimada por el empoderamiento de las mujeres y el cuestionamiento de las conductas machistas.

Ambos temas, la andropausia y la menopausia, tienen una connotación que va más allá de la explicación fisiológica. A partir de un fenómeno natural, biológico, se ha construido una gama enorme de constructos sociales y culturales, que nos obliga a revisarlos desde una perspectiva de género. Visto desde las masculinidades, la disminución de la testosterona la hemos asociado a la disminución de nuestra valía como hombres, porque afecta nuestro desempeño sexual. Y efectivamente, si colocamos nuestra identidad en el desempeño mecánico de nuestros genitales, este proceso lo podemos vivir con frustración, menosprecio incluso llegar a la depresión.

Les propongo, queridos lectores, que aprovechemos esta situación para reflexionar y darnos cuenta que somos mucho más que máquinas para producir hijos, que nuestra identidad va mucho más allá de nuestros genitales. Que el placer y el disfrute se experimenta en todo el cuerpo y que podemos ejercer una sexualidad desprovista de parámetros y métricas que más bien parecen estar al servicio de las farmacéuticas que ofrecen productos milagrosos para producir erecciones. Como si eso fuera lo más importante. No nos dejemos llevar por las apariencias.

Cada vez es más frecuente reconocer, incluso en el ámbito de la medicina alópata, que los factores emocionales están presentes en las enfermedades del cuerpo físico. No dejemos que un proceso de maduración natural lastime nuestra integridad. Recordemos que la vejez no es sinónimo de enfermedad. Cuidar nuestra alimentación, hacer ejercicio y atender nuestros asuntos emocionales nos dará la posibilidad de vivir con calidad lo que la vida nos permita estar en este mundo.

¡Hasta la próxima! 

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