Dolores del Río

Oscar Luna G.

Situada en la Rotonda de los Hombres y Mujeres Ilustres del Panteón de Dolores en la Ciudad de México, se encuentra la tumba de la primera mexicana en llegar a las pantallas de Hollywood, una mujer duranguense que jamás olvidó su estado natal y siempre decía con orgullo su nombre, me refiero a uno de los rostros más bellos del siglo XX, la gran Dolores del Río.

En días pasados tuve la oportunidad de visitar su tumba, fue difícil la aventura pues tuve que viajar hacia la gran capital en busca de ella. Estando en la ciudad me fue complicado al inicio llegar al Panteón de Dolores. Me era complicado porque pocas veces había viajado a esta gran capital, pero después de apoyarme de sitios web, encontré este panteón a espaldas de Chapultepec sobre la avenida de Constituyentes.

Llegar a la tumba no fue difícil, pues se encuentra dentro de la rotonda, la cual es habitualmente visitada. Al llegar me di cuenta que la tumba no estaba sola, sino rodeada de muchas otras pertenecientes a grandes mexicanos que destacaron en diversas áreas. En esta rotonda también se encuentra Diego Rivera, Siqueiros, Ángela Peralta, González Boca Negra y muchos más.  Este lugar recibió los restos de la gran Dolores del Río en el año de 1983, siendo una de las 111 personalidades que están ahí sepultadas.

Pero antes recordemos quien era esta gran mujer, María de los Dolores Asunsúlo y López Negrete como era su nombre de pila, nació en la ciudad de Durango un 3 de agosto del año de 1904. Tuvo la fortuna de haber nacido en una familia de nivel económico estable, pues pertenecían a la elite porfiriana de Durango, lo cual le dio la oportunidad de acceder a un nivel educativo superior y poder recibir clases de piano, costura, literatura entre otras a una muy corta edad.

Con el estallido de la Revolución Mexicana en el año de 1910, las familias aristócratas de la época se vieron afectadas, pues los revolucionarios iban tras ellos, por lo que la familia de Dolores del Río tuvo que huir hacia la gran capital de México, teniendo que vestirse con ropa austera para poder pasar desapercibidos y viajar en el tren sin ser aprendidos.

«Era muy pequeña cuando mi mamá me trajo a la capital a conocer a mi primo don Panchito, como le llamaba cariñosamente; Madero, entonces Presidente de la República, quien me sentaría en sus rodillas y me regalaría un enorme globo rojo.» Describía.

Al llegar a la gran capital ingresó al convento de San José, donde bajo la tutela de las monjas, aprendió diversas cosas, pues eran bastante estrictas en la educación, por ejemplo, las hacían hablar sólo francés dentro del convento, esto más allá de ser algo estricto, la ayudó a formar un perfil alto que le serviría en un futuro.

Se casó con Jaime Martínez del Río, de quien adopta el apellido el cual va a convertirse en un ícono y leído en las grandes pantallas del cine, pues en el año de 1925 comienza su carrera cineasta en Hollywood con apenas 21 años de edad.

Se destacó en diversas películas mudas de la época y ya para los años 30´s cuando aparece el cine sonoro ella se adaptó a este nuevo cambio permitiendo que su carrera siguiera, pues recordemos que para muchos actores de la época el cambio de cine mudo a cine sonoro les ocasionó el fin de sus carreras, sin embargo, Dolores del Río por su profesionalismo supo adaptarse.

En los años 40´s su carrera comienza a declinar en Hollywood, por lo que decide regresar a su país natal, donde su dedicación y ambición por el triunfo la llevó a las grandes cintas de la época de oro del cine mexicano, convirtiéndose en una protagonista de grandes cintas, como por ejemplo Bugambilia, una cinta que en lo particular me encanta y siempre recomiendo.

Durante estos años se mantuvo muy activa en México e inclusive en otras partes del mundo como Argentina y España.

Para los años 60´s Dolores del Río vuelven a Hollywood con la aparición de diversas cintas, a partir de este momento alternó su trabajo en México y USA, permitiéndole adquirir una gran trayectoria en estos países. Para los años 70´s su carrera dio un giro, pues comenzó a realizar algunas obras de teatro y también comenzó a aparecer en algunas series de televisión, pues recordemos que fue una mujer dedicada, trabajadora y adaptable a los cambios e intereses del público.

En 1978, fue diagnosticada con osteomielitis, y en 1981, con Hepatitis B después de haber recibido una inyección de vitaminas contaminada y también le fue diagnosticada artritis.

El 11 de abril de 1983, Dolores del Río falleció a los 78 años de edad en Newport Beach, California a causa de insuficiencia hepática. Se dice que el día en que murió, una invitación para asistir a los Oscars le había sido enviada.

Fue cremada y sus cenizas fueron trasladadas de Estados Unidos a México donde fueron sepultadas en el ya mencionado Panteón de Dolores.

De esta manera terminó la vida de la gran Dolores del Río, una duranguense exitosa que puso en alto el nombre de Durango, a quien hoy recordamos con mucho orgullo, porque es un ejemplo de dedicación, trabajo y pasión por el arte.

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