Duelo por la muerte de la madre

Tita Velarde 
Tanatóloga 

Para comprender el impacto que la muerte de una madre tiene en una persona, tenemos primero que entender la importancia que para nuestra sociedad y nuestra cultura tiene el papel de una madre. Mamá representa algo crucial en nuestra vida, ya que es una de las figuras más importantes para formar nuestra identidad y personalidad, es el centro de la familia y equilibrio de la vida.

Para la mayoría de las personas cuando se evoca la figura materna, se piensa a su vez en amor, ternura, calor de hogar, fortaleza, unión familiar, sacrificio, bondad, generosidad, enseñanza, apoyo, lucha, ejemplo, etc. Sin embargo, para otros quizá no sea lo mismo y mamá represente otras emociones o pensamientos no tan agradables como las mencionadas anteriormente; y creo que no importa cómo haya sido la madre que la vida nos haya brindado, siempre habrá un antes y un después de la muerte de mamá, en otras palabras este hecho nos marcará, y nos hará pasar por un duelo; duelo viene del latín y significa dolor, por lo tanto es un proceso que nos hará pasar por el dolor, por lo que debemos de comprender que no se trata de una enfermedad o de un estado de ánimo, se trata de un  proceso doloroso, natural, personal y dinámico que se elabora ante una pérdida altamente significativa.

La muerte de una madre puede originar un gran vacío con cierto grado de dificultad para aceptar este suceso, ya que no sólo se pierde físicamente al ser querido, sino que se presentan sentimientos más fuertes de orfandad, de gran abandono, de soledad, de desamparo; la muerte de mamá se lleva a su vez un gran tesoro, se lleva la luz, se lleva también consigo gran parte de nuestros orígenes, de nuestras raíces y de lo que somos.

Por otra parte, se presenta también el miedo a perder la unión de la familia, porque ante la falta de mamá, nos damos cuenta de lo que realmente nos mantenía unidos, es decir, si estábamos en familia sólo por complacer a nuestra madre, porque queríamos estar a su lado, o bien porque lo que ella nos inculcó cómo la familia puede permanecer aun sin su presencia física y sobre todo si los vínculos amorosos entre hermanos permanecerán intactos.

     QUÉ PODEMOS HACER ANTE LA MUERTE DE MAMÁ

  • Date permiso de sentir y de expresar el dolor: No trates de aparentar una fortaleza que estás lejos de sentir, expresa tu dolor, sin reprimirte, ni aislarte, sin victimizarte. Hay que identificar las emociones que en ese momento estás presentando: tristeza, llanto, ira, miedo, culpa, rencor, soledad, etc., las cuales no son emociones negativas, sino lógicas dentro del proceso del duelo y son hasta cierto punto necesarias, porque nos indicarán qué es lo que se debe trabajar en el camino del duelo. Siempre es recomendable no llorar en soledad, hacerlo acompañado, con la familia, con los amigos que tenemos cerca, porque esto permitirá pedir ayuda si es necesario, por lo tanto, no te aísles, porque el dolor compartido, es dolor disminuido. Expresar nuestras emociones es fundamental para trascender el dolor, y esto no solamente lo podemos hacer con lágrimas, sino también con palabras y mediante actividades como: escribir un diario, una canción, poesía, leer, pintar, cocinar, dibujar, plantar un árbol o flores, etc.
  • Recordar desde el amor y no desde el dolor, repasar los recuerdos agradables y desagradables.  Hablar acerca de la persona fallecida y cómo era durante su vida y también cómo fue su muerte. Brindar amor a los que nos rodean y permitir que nos amen al dejarnos apoyar en lo que necesitemos.
  • Aplazar las decisiones importantes. La situación de duelo puede ser un momento en que no se piense con claridad. Quizá se tomen decisiones buscando evitar el dolor, pero que más tarde podrían lamentarse.
  • No descuidar la salud, si se padece alguna enfermedad crónica es conveniente no abandonar los cuidados habituales ni los tratamientos. Sobre todo, no automedicarse. Si es necesario tomar algún medicamento para ayudarse, se debe consultar a un médico. Sin embargo, recuerda que tomar medicamentos “solo para no sentir el dolor” puede contribuir a prolongar y complicar el duelo.

Es frecuente escuchar la frase “el tiempo lo cura todo”, “deja pasar el tiempo”. Es cierto que el tiempo es necesario y también la paciencia. Pero el tiempo por sí solo, no hace nada. Lo que provoca cambios importantes es lo que se hace con el tiempo. No existe una receta mágica sobre la manera de afrontar la experiencia amarga de la pérdida de un ser querido, sólo existe la esperanza de que nada es eterno, que todo pasa, que el dolor también pasará y que la aceptación y la adaptación ante la muerte llegará, transformándonos con plenitud cuando elegimos vivir y no morirnos con nuestros muertos.

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