Durango y la revolución mexicana. Lo que se debe saber

Rafael Aragón Landa

Que puedo decirle a usted, mi camarada, sobre los hechos que acontecieron más o menos durante la década de 1910. Poco o más o menos nada. Me temo que la historia ya fue escrita. A lo que me atengo entonces es a analizar un ensayo de 59 páginas llamado LUCHA AGRARIA Y REVOLUCIÓN EN EL ORIENTE DE DURANGO, publicado por el colegio de México. En la pág. 119 se menciona que la más viciosa y sangrienta contienda entre el pueblo y las haciendas, se debió a unos inocentes arbolitos mejor conocidos como guayule, y a las inmensas utilidades que generaban en aquel entonces. Esto enfrentó intereses mundiales con el anticuado sistema socio-agrario del país; los empresarios querían mano de obra barata; los jornaleros querían ser tratados como personas y reclamaban sus derechos. En el mundo se puso en jaque la industria de caucho. Los hacendados firmaron contratos con plantas en Gómez Palacio y en Torreón que, entre otras cosas, pretendían hacerse con las tierras de los campesinos libres que se dice, recurrieron al robo y venta ilegal de guayule o, en términos marxistas (y por ende zapatistas), tomaron por la fuerza aquello que por derecho les pertenecía.

Entra en escena Calixto Contreras Espinosa, nacido en Ocuila en 1867. En 1905 lo capturan al fracasar su revuelta y ve su destino en un destacamento de Coahuila. A fines de 1909 regresa, entrenado y convencido de que había mucho que desfacer. Se dice que Zapata peleó gustoso al lado de Calixto. Sin embargo, en 1911, Calixto fallaría su promesa de enviar 200 jinetes a la toma de Gómez Palacio. Al frente de esa contienda iba un tal Benjamín Argumedo Hernández; sastre, caballero, parrandero, atravesado. En 1910 fallaría la toma de Gómez Palacio, pero en 1911 un operario de tranvía llamado Jesús Agustín Castro, un hojalatero llamado Orestes Pereyra, un comerciante llamado Gregorio García, y un librero llamado Juan Pablo Estrada Lozano, lo ayudarían a tomar la ciudad. Luego, el 20 de noviembre, sin disparar un tiro, tomaron “el Gatuño, Matamoros”…

Y me pudiera extender. Y pudiera hacer un ensayo de 20 páginas, pero ya fueron escritos, igual que esas luchas ya fueron peleadas. Nos toca escribir una nueva historia y eso es lo que tiene que saber, camarada.

Durango fue, es, y será la cuna de toda revolución.

Ya está acostumbrado el mundo a que Durango se ponga bravo.

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