El reto de dejar ir a un ex

L.C.T.C. y L.P. Fátima del R. Covarrubias Gurrola

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Vivir cualquier tipo de separación es un proceso que requiere de todo nuestro esfuerzo. Decir adiós a alguien o algo, es más difícil de lo que parece, pues no solamente se trata de dejar ir a la persona o cosa, sino todo lo que representa para nosotros.

Cuando se trata de decir adiós se tiene que considerar el significado de aquello que se está perdiendo. En el caso de una pareja, obviamente la separación duele porque la persona se aleja física y emocionalmente, pero también porque ya no se cuenta con aspectos que tal vez aportaba a nuestra vida, por ejemplo: amistad, compañía, respaldo, consejo, etc. Es decir, la persona que se aleja o se pierde, representa mucho más que una persona vinculada sentimentalmente en su rol de pareja.

Cuando una relación de pareja se rompe, ambos miembros tienen que pasar por un proceso de duelo y es ahí donde se puede presentar un empantanamiento, generando que se sienta una incapacidad para dejar ir a nuestros ex, pero se debe considerar que esa incapacidad es sólo una percepción.

Sin duda el dolor y el sufrimiento dependerán del tiempo y de la calidad que haya tenido la relación; obviamente que entre más años se hayan pasado juntos, más vínculos emocionales y conductuales se tendrán que romper, para poder construir una nueva rutina.

Precisamente la idea de tener que enfrentarse a todo este impacto, puede generar incluso el deseo de esforzarnos a intentarlo una vez más, pero los problemas tal vez llegan a un punto intolerable. Entonces por un lado se siente que no se puede dejar ir a la persona, pero por el otro se tiene la sensación de no poder más con la relación.

Entonces se pueden analizar y reconocer algunos elementos para ayudarnos a dar este paso:

  • Dependencia emocional.- Es cuando se presenta una incapacidad de vivir sin pareja. No en pocas ocasiones se presenta una sustitución de la persona ausente con una nueva; es un rasgo distintivo de este fenómeno. Aquí se puede decir la dura frase: “No se ama a la pareja, solamente se le necesita”.
  • No nos gusta perder. Hace que se genere ansiedad por sentir que se perdió. Duele la ruptura porque tiene sabor a pérdida. Se interpreta como una humillación de no haber podido salir avante y hace mella en la autoestima, llegando a creer que ese descalabro es sinónimo de no merecer amor.
  • Salir de la Zona de Confort. Se puede confundir con miedo a la soledad, pero la realidad es que da miedo perder ese estado tan cómodo en el que se vive. Recordemos que el cambio crea percepción de terror. Suele pasar que se siente una infundada incapacidad de afrontar la vida solos. Soltar va de la mano de la idea de salir adelante, abandonando la percepción sobre el amor romántico que se traduce “no hay vida más allá de mi pareja”.

Aunque se suele tener la percepción de que una ruptura amorosa significa el fin de la vida, es conveniente aprender a pensar de una manera diferente, siempre que algo acaba, es el punto clave para un nuevo comienzo. Imaginemos un libro con un solo capítulo, evidentemente no sería un libro; lo mismo ocurre con nuestra historia, no consta sólo de una experiencia, sino que quedan muchas otras por vivir, así que bien podemos abrirnos a lo nuevo y antes de entrar en una nueva relación, apartar un tiempo para vivirnos, habitarnos y disfrutarnos, así como a todas las personas que nos aman; basta con mirar a nuestro alrededor y observar cómo se amplía nuestro mundo.

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