Entre el amor y el dolor… el miedo a enamorarse, es mayor

Yesenia Morales Jurado
Psicoterapeuta

Puede ser difícil de creer, pero tener miedo al amor suele ser más común de lo que pensamos, pues, aunque a la mayoría de las personas nos gusta ser amadas y ofrecer amor, hay otras que simplemente lo rechazan, para ellas recibir amor o cercanía puede llegar a hacerlas sentir miedo extremo o filofobia, un tipo de fobia que se genera porque la persona ha vivido una experiencia amorosa traumática.

Y aunque parece irreal, esta situación es más común de lo que se cree, a veces se presenta por periodos cortos de tiempo, cuando hemos tenido alguna experiencia amorosa negativa, y después de la ruptura de pareja solemos quedar sensibilizados y considerar que lo mejor es evitar el amor, pues el sufrimiento y el dolor que supone superar esta ruptura, genera grandes miedos ante la posibilidad de una nueva relación, pero después de un tiempo considerable de duelo por la perdida, se vuelve a entablar un nuevo vínculo amoroso, aunque con cierta prudencia y  claro, el miedo a ser lastimado es latente, pero ello no  los detiene para seguir adelante.

También existen esas personas en las que esta etapa de duelo y miedo al amor se puede presentar por largos periodos de tiempo, y es cuando se considera que dicha situación es una dificultad por resolver, ya que a estas personas les resulta realmente difícil y atemorizante el camino para afrontar la pérdida amorosa y el vacío existente por ello, pues la no superación del pasado, el rencor y los miedos generados ante la posibilidad de volver a experimentar el daño, terminan por bloquear sus emociones, considerando que la única protección posible será evitar restablecer una nueva vida de pareja, desarrollando una fobia al amor, que incluso les pueden causar síntomas característicos propios de la “filofobia”, y en los casos más severos, pueden llegar a sentir taquicardia, náuseas, sudoración, mareos e incluso las personas que lo padecen pueden presentar ataques de pánico, lo que suena realmente sorprendente, pero es increíblemente real. Claro que no quiere decir que estas personas no deseen realmente enamorarse o ser amados, e incluso no lo evitan en su totalidad, porque suelen salir y socializar con la intención de encontrar a alguien con quien entablar un vínculo afectivo, sin embargo, cuando se dan cuenta de que esta posibilidad está a punto de pasar y están a punto de concebir algo con alguna persona, enseguida comienzan a sentir ansiedad, la inseguridad se agudiza, y se desatan todo tipo de pensamientos negativos, y comparativos entre la nueva posible pareja y la pasada, lo que puede causarles las reacciones físicas mencionadas anteriormente al sentirse vulnerables ante la posibilidad de tener una nueva pareja amorosa estable y volver a sufrir el mismo daño.

Pero, pensar que lo que sucedió volverá a ocurrir, implica la existencia de por lo menos cuatro ideas erradas: la idea de que ayer y hoy son iguales, que aquella persona será igual a cualquier otra que se llegue a conocer en plan romántico, que se cometerán los mismos errores, y que lo mejor es no arriesgarse para evitar sufrimientos, lo que no es más que un claro sabotaje mental, y una negación a la realidad.

Y es que, aunque quisiéramos que las relaciones en las que somos felices fuesen eternas, lo cierto es que suelen terminar por diferentes circunstancias, ya sea por causa de abandono, ruptura, fallecimiento de una miembro de la pareja, etc., y después de ello, se tiene que pasar un tiempo de duelo, de asimilación o de recuperación, para que posteriormente después nuestro propio corazón y organismo nos impulse de manera natural a buscar nuevas opciones de un vínculo amoroso,  permitiéndonos rehacer nuestras vidas y volver a confiar en alguien.

Sin embargo, siempre tenemos que tener en cuenta que, si una situación de ruptura se convierte en un proceso demasiado doloroso para manejarlo y difícil de superar, siempre se puede pedir ayuda profesional con un especialista.

 

 

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