¿Es el insomnio una enfermedad mental?

Mtro. Sergio Luis Hernández Valdés
Facebook: @SergioHernándezsoc
Correo electrónico: shvaldes1@hotmail.com

Como sociólogo y psicoterapeuta, debo decir que tengo bastantes resistencias a “encajonar” en clasificaciones la conducta humana y sus manifestaciones. Con horror he visto cómo se recurre fácilmente a la medicación psiquiátrica para “tratar” lo que llaman “trastornos” de la conducta o de la personalidad.

Dicho lo anterior, procedo a contestar la pregunta: ¿Es el insomnio una enfermedad mental? Para contestarla sin caer en prejuicios o subjetividades, recurro al DSM-5, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, el sistema de clasificación de trastornos mentales con mayor aceptación, tanto para el diagnóstico clínico como para la investigación y la docencia.

De acuerdo a este manual, el insomnio es la dificultad (“insatisfacción” dice textualmente el DSM-5) para conciliar, mantener el sueño, o despertar más temprano de lo esperable. O simplemente, consiste otras veces en despertar con la impresión de no haber tenido un sueño reparador, levantándose con la sensación de fatiga e irritabilidad.

Al leer lo anterior, podemos suponer que todos, o la inmensa mayoría de quienes leen este artículo, hemos padecido insomnio. Sin embargo, este manual contiene una descripción sintomática de cada trastorno mental, delimita el número de síntomas que tienen que presentarse y la duración del mismo, para aplicar la categoría.

Y al respecto, se hace la siguiente acotación: esta “insatisfacción” o disconformidad personal del paciente con la calidad y/o cantidad de su sueño, ha de ocurrir durante al menos tres meses, con un mínimo de tres días a la semana en esos tres o más meses, para poder ser diagnosticado como tal.

También se especifica que no se trata sólo de la calidad y cantidad del sueño en sí sino de la repercusión del sueño en el estado general anímico del paciente en vigilia: irritabilidad; cansancio; falta de concentración y déficit de memoria; disminución de energía, motivación e iniciativa; somnolencia; y puede darse un deterioro de la actividad laboral, social o de otros ámbitos de la vida de las personas.

De esta manera, es importante darnos cuenta que, con mucha frecuencia, utilizamos de manera incorrecta el concepto. Es bastante común escuchar decir, o decirlo nosotros mismos, que “anoche tuve insomnio”, haciendo referencia a que no podía dormir por una preocupación, o por una situación que se presentó durante el día. El no poder dormir una noche, o incluso dos o tres noches seguidas, no quiere decir que padecemos de insomnio. Ello debe de ocurrir, recalco, durante al menos tres meses, con un mínimo de tres días a la semana en esos tres o más meses, para poder ser diagnosticado como tal.

Se estima que los síntomas de insomnio aparecen en aproximadamente entre el 30 y el 50 por ciento de la población adulta a lo largo de su vida. Según el DSM-5, alrededor de un 30 por ciento de las personas en estudios epidemiológicos poblacionales refiere algún síntoma de insomnio, y sólo de un seis a un 10 por ciento cumple criterios diagnósticos del trastorno de insomnio.

Si tenemos dificultades para conciliar el sueño, antes de tomar medicamentos, preguntémonos qué nos está pasando. El cuerpo es un magnífico tablero que nos indica que algo no está caminando bien. Desde luego encontrar el origen de nuestras preocupaciones ayudará a restablecer el equilibrio físico y emocional. La pérdida de un ser querido, dificultades económicas, pérdida de empleo, temor ante el contagio de Covid, dificultades con algún hijo o con la pareja, el cuerpo reporta la situación y es mejor atender y entender el origen del síntoma.

Identificada la causa, las siguientes recomendaciones siempre son un excelente auxilio: platicar con familiares y amigos; hacer ejercicio al aire libre una hora al día; cuidar nuestra alimentación y evitar el consumo en exceso de bebidas alcohólicas. Y si se encuentra entre quienes cumplen con los criterios del trastorno de insomnio, acudir a psicoterapia y/o a especialistas.

¡Hasta la próxima!

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