Exigencia a las mujeres

Dra. Ma. Luisa Rivera García
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Correo electrónico: marialuisarg0505@gmail.com

Ahora toca hablar sobre la exigencia a las mujeres, y sí, existe una demanda social a las mujeres en sus diferentes facetas; como madre/esposa, como profesionista, como estudiante, como parte de la familia de origen, como miembro de la familia política etc., etc.

Tomemos como ejemplo el ejercicio de la maternidad; ser madre tiene que ver con la naturaleza, con lo biológico, lo orgánico, con parir hijos; cómo se ejerce la maternidad ya es una construcción histórico social.

La exigencia histórica social a una madre hoy, tiene “puntos de contacto” con el ejercicio de la maternidad de las madres de hace 50 o 100 años, pero sólo eso “puntos de contacto”.

Una madre hoy debe saber muchas cosas que nuestras ancestras no necesitaban. Podríamos enumerar una serie de diferencias que nos demuestren cómo se construye desde lo social y en concordancia a un contexto histórico determinado el “deber ser” en torno a la maternidad. Sólo tomemos como ejemplo personal las diferencias entre mi ser madre y el ser madre de mi madre y el de mi abuela, seguro encontraremos diferencias notorias.

Si alguna de nosotras quisiera cumplir todas las exigencias sociales en este tema, literalmente se “volverá loca”. Tendría que ser paciente, puntual, amorosa pero al mismo tiempo saber contener y poner límites. Saber escuchar  y saber comunicarse con los hijos según sus edades, tendría que ser un poco estilista, organizadora de fiestas, organizadora de agendas, ser chofer, médico de unos y enfermera para otros, nutrióloga, chef y cocinera, y lo obvio ancestral, saber cómo mantener la ropa limpia, planchada y en orden según las necesidades de los miembros de la familia, la lista podría seguir y seguir. Incluso como comentaba de manera chusca una madre en un taller que di sobre el tema: “en la escuela de mis hijos, para ser considerada como madre ejemplar hay que ser delgada y tener camioneta”.

Y estamos hablando de sólo una faceta en la vida de las mujeres de hoy, pensar en el resto de las facetas se complicaría mucho.

Pero aún hay algo más pesado que la exigencia social: la exigencia a nosotras mismas. Somos nosotras mismas las que nos demandamos, “madres perfectas, perfectas esposas, perfectas amas de casa, perfectas profesionistas, estudiantes de 10, hijas ideales, hermanas maravillosas y hasta nueras “bien vistas”. ¡Y queremos todo perfecto y al mismo tiempo!

Tanta demanda tiene que ver, entre otras cosas, con la búsqueda de un reconocimiento, que nos ha sido históricamente regateado. También  tiene que ver con estar enganchadas en el deseo del “otro”, enganchadas con las necesidades (reales o no) de hijos, pareja, padres, jefes, etc. Con un impulso por lograr todo lo que les fue negado a nuestras ancestras. Con la inequidad en la que crecimos y en la que vivieron nuestras madres y/o abuelas, entre otras cosas.

Tiene que ver con muchos aspectos que hemos introyectado y desde los cuales nos exigimos, nos demandamos sin tregua, ni sosiego.

Calma, calma, sí podemos con todo o casi todo lo que anhelamos, sólo hay que priorizar y revisar, tomar conciencia de todo lo que se me exige y me exijo para validar desde mí lo que realmente me es significativo. Dejémonos respirar, dejémonos disfrutar: “Te miro madre, miro en ti a todas mis ancestras; miro la dificultad, miro el sufrimiento y con esto en mi corazón, en su honor yo voy a una vida plena con fluidez, alegría y placer.

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