Guadalupe

Pedro Núñez López

El 12 de diciembre los mexicanos conmemoramos la fiesta católica por excelencia en nuestro país, en la que millones de creyentes en toda la república celebran entre oraciones y danzas a la Virgen de Guadalupe el aniversario de su aparición en el cerro del Tepeyac.

En nuestra ciudad, la Explanada de los Insurgentes es testigo de las festividades por varios días, convirtiendo esta fiesta en una de nuestras tradiciones más antiguas.

Sin duda alguna, se trata de una práctica que favorece la inclusión de valores religiosos a través de la música y la danza, al tiempo que manifiesta la devoción de un pueblo en una celebración que fusiona el sentido religioso-cultural con el folklore y la esencia de la fe a través de la tradición.

UNA MIRADA AL PASADO

Desde tiempos prehispánicos, el Tepeyac había sido un centro de devoción religiosa para los habitantes, justo ahí se encontraba el santuario más importante de la divinidad nahuatl de la tierra y la fertilidad. Se le llamaba la diosa Coatlicue “Señora de la falda de serpientes”, cuyo templo fue destruido cuando tuvo lugar la conquista.

Los franciscanos decidieron mantener en el lugar una pequeña ermita, en el marco de una intensa campaña de destrucción de las imágenes de los dioses dado que, a los mesoamericanos, se les veía como una amenaza para la correcta cristianización de los indígenas.

Se cree que la primera aparición de la Virgen de Guadalupe, fue en el año 1531, diez años después de la caída de México-Tenochtitlán, sin embargo, es probable que hayan venerado la imagen de Mariana que se encuentra en la actualidad en el altar mayor del santuario del Tepeyac, a quien los indígenas nahuas que acudían al santuario en romería siguieron llamando Tonantzin. El nombre resultaba conveniente a los propósitos de la religión católica.

Al fortalecimiento del culto, contribuyó de manera decisiva la realización del Primer Concilio Mexicano, que se celebró en México entre el 29 junio y 7 noviembre 1555 organizado por el arzobispo Alonso de Montúfar y que reunió a numerosos representantes de las órdenes monásticas de la Nueva España, pero no se hizo referencia a la Virgen.

LA LEYENDA

Según la leyenda narrada en el Nican Mopohua, la Virgen María se había manifestado un siglo antes al indígena Juan Diego, quien era originario de Cuautitlán y a su tío Juan Bernardino, ambos convertidos al cristianismo pocos años atrás a raíz de la conquista.

El Nican Mopohua, dice que la Virgen le reveló el nombre Guadalupe a Bernardino cuando este se encontraba enfermo de gravedad. Los críticos escépticos opinan que es imposible que la Virgen se haya nombrado a sí misma Guadalupe ante el anciano, ya que Juan Bernardino no entendía la lengua castellana traída por los españoles al Nuevo Mundo, por tanto, el diálogo tuvo que haberse desarrollado en la lengua nativa, que era el náhuatl. Una explicación de este error podría ser que la aparición haya dicho que era la Virgen Tequatlasupe, y que, debido a que para los españoles era muy difícil de pronunciar ese nombre, los españoles la llamaron Virgen de Guadalupe.

El obispo de México probablemente tenía interés en que el nombre de la Virgen fuera el de Guadalupe, para así contar con la simpatía de Hernán Cortés, quien era devoto de la Virgen patrona de su región y que llevaba consigo en una imagen de madera. Una segunda explicación es que quizá la Virgen de Guadalupe, se comunica en el idioma nativo de Juan Diego, pero usó el nombre de Guadalupe.

LA HISTORIA

La Virgen de Guadalupe, se apareció en varias ocasiones ante el converso mexica Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el sábado 12 de diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac y le pidió que fuera en busca del obispo y le dijera que ella solicitaba la creación de un templo en ese lugar. El indígena fue en busca de fray Juan de Zumárraga, pero fray Juan no creyó en las apariciones pues este tipo de historias de apariciones espirituales era común, así que le pidió una prueba.

En respuesta a la petición del obispo, la Virgen pidió al indígena que, como pudiera cortara unas rosas de Castilla de la cumbre del cerro y se las llevara al obispo. El indígena obedeció y guardó las rosas dentro de su tilma o ayate. Juan Diego bajó del cerro y pidió una audiencia ante el obispo para mostrarle la prueba, al llegar donde estaba el obispo, el indio estiró su ayate para tender las rosas sobre la mesa; sobre el ayate aparecía la imagen estilizada de la Virgen de Guadalupe. La prueba para el fraile no fueron solamente las rosas, sino el milagro de la pintura de la Virgen de Guadalupe sobre el ayate, que permanece intacta hasta nuestros días.

La fiesta de la Virgen se celebra el 12 de diciembre, la noche del día anterior las iglesias se colman de fieles para el día de fiesta “Las mañanitas a la Guadalupana” o serenata a la Virgen. El santuario de Guadalupe ubicado en el cerro del Tepeyac en la Ciudad de México es visitado ese día por millones de personas de todo el país. Y así serán en cada ciudad de la República Mexicana todo el día. Este día personas de todas las clases sociales, se unen para cantar, celebrar, cumplir, pedir, ofrecer, en fin, es el día más esperado por los guadalupanos.

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