Hijos perfectos o hijos felices

Dra. Ma. Luisa Rivera García
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Correo electrónico: marialuisarg0505@gmail.com

Al inicio de la primaria, uno de mis hijos, presentaba calificaciones bajas, en reunión con su maestra, nos dijo “Es que platica mucho, a él le interesa socializar y jugar”.

Como “buena madre” me preocupé y comentando con una de mis maestras sobre “cómo trabajarlo” y con el ¿cómo atenderlo?, me respondió con todos sus años de experiencia “Preocúpate porque sea feliz, lo demás es secundario” “Mientras pase de año, déjalo que sea feliz, cuando el conocimiento le interese lo va a tomar”.

Y así fue, al siguiente ciclo escolar por primera y única vez en su vida estuvo en cuadro de honor. Y puedo decir con el paso de los años que si bien, no volvió a entrar al cuadro de honor, no tuvo mayor problema en todos sus años de escuela. Lo que sí conserva es su fluidez, su buen talante, es un ser grato y resiliente; y no sé si sería así de haberle exigido o aporreado por las calificaciones. No soy objetiva pero creo mi maestra tuvo razón.

¿Pero qué es lo primero que un niño necesita para “ser feliz”? Dejarlo ser niño.

¿Y qué implica esto? la mayoría de los niños si los ves en sus primeros años son alegres, divertidos, inquietos, llenos de energía y curiosidad por la vida. Si los padres logran darle contención, mantener un entorno estable y amoroso, esto se puede conservar. Considerando la esencia de cada infante, su propio temperamento, su propia carga emocional; pero manteniendo su característica de niños.

Y entonces ¿cómo mantener un entorno estable y amoroso que le permita desarrollar una “confianza básica”?, son varias cosas y no tiene que ver necesariamente con lo económico. Los pequeños son felices con muy poco. Obvio se necesita una madre primero, después un padre y por último, como ya decíamos, un entorno social amoroso, contenedor y estable.

Así que si queremos tener hijos felices busquemos ser felices, busquemos nuestro bienestar, no hay manera que un niño (a) sea feliz si su madre está sufriendo, frustrada o amargada. La relación madre-hijo es tan estrecha que el niño termina absorbiendo, tomando y reproduciendo ese malestar.

Y lo mismo pasa en sentido contrario, aún el ambiente más adverso será más tolerable con una madre cercana y/o un padre que abrace, contenga y mitigue las amenazas externas.

Una madre puede “cubrir”, puede proteger o hacer más tolerable la ausencia del padre o incluso de su violencia. Igualmente, los padres podrían proteger al niño de la madre abusadora, sólo que no siempre se involucran.

Dar a nuestros hijos un “buen” entorno tampoco es construirles un mundo “perfecto”, eso no existe. Es hacerles sentir que estamos ahí para ellos, es darles un lugar para crecer en donde las dificultades se resuelven, las emociones se tramitan de buena manera y el amor permanece.

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