Hombres buenos

Psic. Mónica Piedad de Jesús Ramírez Cisneros

Hay una canción infantil que las madres de familia solemos cantar a nuestros pequeños en sus primeros años: “Papas, papas para mamá, ¡las quemaditas para papá! con una tonadita muy linda, y con un trasfondo muy injusto y cierto: Solemos pensar que papá, o los hombres en general son más resistentes en todos los sentidos y les podemos “dar” menos emocional o físicamente hablando que a las mujeres.

Desde que nace un varón tenemos ciertas expectativas sobre su comportamiento, y si es afortunado y nace en una familia donde se le brinde amor y comprensión, casi siempre al pasar de la niñez a la adolescencia, se le comienza a dejar de mimar o hacer sentir amado como cuando era pequeñito, y poco a poco se va desconectando de su familia y de sus propios sentimientos, pues se le empieza a requerir implícita o explícitamente que se comporte como un HOMBRE.

Es difícil para ellos porque de pronto se les exigen ciertas conductas y se les castiga por hacer o decir cosas que no van con el rol que tienen. A los hombres, se les explica e imponen todas las responsabilidades que les tocan. Es correcto esperar que un hombre sea fuerte y responsable, por lo que se le prepara para ser la cabeza de una familia, para ser autosuficiente, pero no por eso, es de esperarse que por arte de magia deje de sentirse triste, mal o frustrado por situaciones dolorosas o adversas que le ocurren, ya que no es un robot.

Tal vez finjan que están bien por el miedo a ser etiquetados como débiles o poco masculinos. Y es ahí donde comienzan a entablar relaciones poco profundas entre pares y a tener dificultades con el sexo opuesto, pues no tienen mucha práctica en la comunicación asertiva y profunda.

Es bastante el peso que cargan sobre sus hombros en todas las etapas de su vida, y es principalmente después de la adolescencia donde se hace más marcado. Pues si bien, son menos sensibles que las mujeres y reaccionan a ciertas circunstancias de una manera diferente, siguen siendo seres humanos que experimentan dolor, frustración, tristeza y decaimiento. Y desafortunadamente, la sobre exigencia y sobrecarga de responsabilidades en su rol de proveedores principales de la familia, o de protectores (sean solteros o tengan pareja) es muy desgastante.

Lo más preocupante de esto, es que generalmente no hablan sobre lo que sienten, basta fijarnos en las conversaciones entre varones, son muy diferentes a las que se dan entre mujeres, y me refiero sobre todo en las conversaciones donde se involucran sentimientos. Recordemos que la expresión de los sentimientos es necesaria para un manejo adecuado de las emociones y una de las principales bases de la salud mental, ya que si no se expresan se cargan y enferman.

Sería importante que desde que son niños pequeños, los padres les enseñemos a los varones a expresar lo que sienten, a pedir ayuda cuando la necesitan y construir vínculos sólidos con su familia, amigos y seres queridos, a construir su autoestima y fomentar el autoconocimiento.

Cuando son adultos, el rescatar, el valorar el esfuerzo que los HOMBRES BUENOS hacen por sacar adelante, no solo a sus familias sino a su país, las muchas de las veces sufriendo en silencio carencias emocionales, recuerdos dolorosos, sufrimientos físicos o espirituales, depresión o tristeza. Y aun así, hacen su mejor esfuerzo por salir adelante, mostrando buena cara, a pesar de lo difícil de las situaciones que atraviesan.

Si tenemos la dicha de contar con hombres buenos a nuestro alrededor abramos los ojos para que podamos ayudarlos en lo que necesiten aunque no lo pidan y valorémoslos.

  • Facebook: Mónica Ramírez
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