Huequito

Dra. Ma. Luisa Rivera García

ESCENARIO I:  HOMBRES

Sí, sí, así mero, encuentro y lo encuentro sin pensarlo mucho, me sale, soy experto en percibir el huequito, ni lo entiendo mucho, lo siento. Pero lo siento y me acomodo, me acomodo “a gustito” ¡en el huequito y ya! No tengo que hacer más, ellas hacen todo.

Al poco, a veces más pronto, a veces tardo un poco más, pero ese huequito me aburre y me voy, me salgo. En realidad, yo ando buscando… no sé… creo que a mi madre…  llenar mi propio huequito de madre, de esa madre que no me miró… al menos no del todo.

Y ellas, “pobres”, piensan que son ellas… es hasta patético, tener una necesidad así y que me permitan entrar sin mayor esfuerzo. Porque eso sí, yo no miento, no ofrezco… me monto en el hueco y ¡me dejo querer!

Es un tanto ruin, ¿verdad?, pero qué le vamos a hacer, yo no obligo a nadie, no presiono, ellas abren la puerta y yo me instalo hasta que tomo lo que quiero, hasta que me doy cuenta que no son mi madre, el hueco se vuelve a sentir… me voy.

Lo que ellas me dan: calor, atención, cama, cuidados, tiempo, dinero, etc., etc. es por su cuenta y eso sí, cada una da cosas diferentes, o al menos de diferente manera. Pero es por su cuenta, yo no pido, ni ofrezco, las dejo que ellas supongan lo que quieran y a partir de ahí den lo que quieran, mi secreto es no hablar, parecer lo que ellas necesitan que parezca ¡y ya! Todo es ganado, ¡sin más! Bueno, algunos “te amo”, para algunos es muy difícil decir “te amo”, yo en un tiempo repartía “te amo” como cacahuates, así no más.

ESCENARIO II: MUJERES

¡Ay sí Doctora! ¡Fue un encuentro maravilloso! Desde el momento en que lo vi, yo supe, yo sentí que era “el bueno” El problema es que no es de aquí y entonces se va a complicar mucho la relación porque yo no puedo cambiar de lugar de trabajo ahora, tendría que ser hasta dentro de seis meses porque, para ese tiempo mi tío ya va a ser jefe de zona y me podría autorizar el cambio.

Y vivir allá será complicadillo por el calorón que hace y porque no conozco a nadie. Y yo sé además que los compañeros de esa sede son medio feos, que compiten mucho, pero bueno, eso lo encuentra uno en donde sea, aquí es igual, “no cantamos tan mal las rancheras”. Y luego quién sabe cómo sea su mamá (mi suegra, je, je) dice que tiene dos hermanas, una mayor, seguro va a ser “un hígado” porque así son las hermanas mayores, pero yo creo que con la menor me voy a llevar mejor, es de mi edad y seguro tendremos mucho que compartir. Tal vez rentemos un departamento al principio, ya después tendremos que buscar una casita. Ay, ¡me hace una ilusión! Le pondré cortinitas en la cocina, de esas de cuadritos rojos con volantes de tira bordada blanca…

¿Está hablando de las cortinas para el departamento donde viviría con el chico que conoció ayer, del que aún no sabe su apellido?

Nos hemos creído el cuento de la “media naranja”, y es cierto que algunas relaciones se construyen desde los “huequitos” de cada uno. Construir una relación desde los “enteros” es mucho más complicado, requiere dos seres completos, que se saben, que miran hacia adentro de sí mismos y están satisfechos de lo que tienen, que buscan una compañía, un cómplice para vivir la vida en plenitud. La vida en pareja es difícil, construirla buscando que nos completen, la hace imposible.

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