La eutanasia

Dr. Arnulfo L´Gámiz Matuk
Investigador del CICSA
Universidad Anáhuac México

Tú estás vivo y yo también, sin embargo, tal contexto tiene un fin, porque la vida de un ser humano como de todos los seres vivos es finita, tal situación es indudablemente clara para cualquiera de nosotros. Sin embargo, definir qué es la vida resulta realmente complicado, por lo que se recurre a definirla con una comparación de los entes que son inanimados, así diferenciamos a los animales o plantas con las piedras. Pero tal explicación resulta simplista ya que las propias piedras son unidades activas que tienen transformaciones y evoluciones a través del tiempo.

Resulta complicado explicar que seres como el coronavirus que en estas fechas nos está complicando la vida en realidad no es un ser vivo ya que no tiene células, sino que es una estructura de proteínas y ácido nucléico que sólo se puede reproducir al introducirse en las células de seres como el hombre o de otros seres vivos. Pero que no tienen estructura celular propia y no pueden reproducirse sin un huésped y no tienen metabolismo propio.

Sin embargo, manteniéndonos al margen de estas disyuntivas, los seres vivos son aquellos que presentan un alto nivel de organización que contienen diferentes elementos con alta especialización y coordinación entre ellos conteniendo como unidad fundamental de vida a la célula. En el interior de cada una de ellas los átomos forman moléculas las que forman organelos y estructuras celulares, incluso en los seres unicelulares como algunas bacterias.

Es así que los seres humanos somos seres vivos, pero con una característica diferencial de otros seres, que es la razón y que incluso en el aspecto espiritual se tiene una esencia en su definición, como es en el cristianismo o en judaísmo que se entiende a la vida como una faceta que el alma superará, o en el budismo que consideran a la vida como diferentes estados de reencarnación, en la religión islámica se divide en la vida próxima y la vida más allá o posterior que es eternal. Y así podríamos describir diferentes visiones de lo que es la vida para los humanos.

Lo que habría que destacar es que la vida humana es valiosa porque la persona humana en sí misma lo es.

La culminación de la vida será entonces la muerte, que ocurre cuando dejamos de respirar y ya no mantenemos la homeostasis, o sea la pérdida irreversible de la capacidad y del contenido de la conciencia.

La muerte es ocasionada por infinidad de factores y los humanos a través de la historia hemos buscado evitar la muerte o alargar el periodo de vida, estando conscientes de que en realidad la muerte sucederá, las causas de muerte son muy extensas por lo que resulta bastante complicado el poder controlarlas.

Sin embargo, la gran mayoría de las personas quisieran mantener la vida por mucho tiempo, siempre y cuando las condiciones de la misma fueran favorables y no ocasionaran sufrimiento, es ahí en donde ha aparecido la posibilidad de poder interrumpir la vida de manera auto infringida como es mediante el suicidio o con colaboración mediante la eutanasia.

La palabra eutanasia es etimológicamente derivada de los vocablos griegos eu = bueno y thanatos = muerte, por lo que literalmente signi­fica buena muerte. Definida entonces como el acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece un daño a la salud  incurable  con el propósito de evitar el sufrimiento.

Desde el punto de vista legal, moral y religioso, existe una gran disyuntiva al respecto, pero cada vez es más frecuente su análisis e incluso la autorización legal en algunos países existiendo la posibilidad de la voluntad anticipada que es un concepto mediante el cual una persona plani­fica los tratamientos y cuidados de salud que desea recibir o rechazar en el futuro, en particular para el momento en que no sea capaz por sí misma de tomar decisiones.

La eutanasia genera polémicas en muchos ámbitos, es tema presente, pero muchas veces no se encuentra la ponderación necesaria para analizarlo y cuyo tratamiento se ve sujeto a la superficialidad, cuando no a la ideologización, impidiendo hacerse una idea adecuada del fondo del problema.

Las consecuencias en la opinión pública son diversas, muchas veces contradictorias, como la despreocupación por el tema, radicalización de las posturas, presiones indebidas, distorsión en captar esas realidades, principalmente desconociendo sus causas y quedándose sólo con las consecuencias. Lo que sí es necesario afirmar es que no caben posiciones tibias frente a hechos tan radicalmente comprometedores.

Existen actos que por sí mismos vulneran lo más preciado como es la vida, y cuando va de por medio la renuncia de una de las características propias de la persona humana, es necesario desprenderse de opiniones desautorizadas, pero equivocadas o que inducen al error.

Hay que buscar apoyarse en principios objetivos para salir de la arbitrariedad a la que conduce la ignorancia, la vida humana vale lo que nosotros queramos que valga, es un valor fundamental y hay que tener valor para vivirla y para defenderla.

En México está prohibida la práctica de la eutanasia y del suicidio médicamente asistido, de acuerdo a lo estipulado en la Ley General de Salud en su artículo 161 Bis 21 que a la letra dice: “Queda prohibida, la práctica de la eutanasia, entendida como homicidio por piedad, así como el suicidio asistido conforme lo señala el Código Penal Federal, bajo el amparo de esta ley.”

 

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